No saber la diferencia entre tema, trama y argumento arruinará tu novela

—He escrito un libro.
—¿Ah, sí? ¿Y de qué va?

Todos los que escribimos hemos vivido alguna vez este momento, ¿verdad? Yo odio esa pregunta porque nunca sé qué contestar. A menudo lo resumo en algo así:

—Pues… es una saga familiar de realismo mágico en un pueblo ficticio.

Si las palabras «realismo mágico» no le suenan a chino a mi interlocutor, me responde:

—¡Anda! Al estilo de Cien años de soledad, ¿no?
—Sí, algo parecido…

Soy consciente de que así no contesto a su pregunta. Me limito a decir los géneros literarios en los que encaja mi historia. Pero la mayoría de personas se quedan satisfechas con esa explicación (¡menos mal!). Sin embargo, otras no, y siguen indagando…

De qué hablamos cuando hablamos de qué va

Rebobinemos:

—He escrito un libro.
—¿Ah, sí? ¿Y de qué va?
—Pues… es una saga familiar de realismo mágico en un pueblo ficticio.
—Ajá, pero ¿de qué va? Cuéntame el argumento.

¡Error! Esa persona no quiere que le cuente el argumento, porque eso sería relatarle mi historia de principio a fin. Y no me he tirado meses escribiendo y escogiendo las palabras perfectas para acabar resumiendo mi libro a mis lectores potenciales. Cuando la gente pregunta de qué va nuestro libro, se suele referir a la sinopsis, es decir, a la idea general de la historia. En mi caso, sería:

—Cuento la vida de varias generaciones de una familia en la que todas las mujeres que nacen con el cabello rojo parecen destinadas a perder la capacidad de amar y a sufrir un final trágico.
—Ah, qué interesante.

Pero si de verdad le contara de qué va, tendría que decirle el tema latente en la novela. Entonces, mi respuesta sería:

—El condicionamiento del entorno y del pasado en el desarrollo vital.

Seguramente, si respondiera eso, se le quedaría cara de póker y se le quitarían las ganas de conocer más detalles. O peor aún, eso daría pie a que me avasallara a preguntas porque no se habría enterado de nada.

A mí, en una ocasión, me preguntaron sobre el tema directamente. Una especie de prueba de fuego para saber si tenía la menor idea de lo que escribía. Esa vez, la cara de póker fue la mía, aunque más o menos salí airosa.

Para que no te pase como a mí, deberías plantearte desde ya cuál es el argumento, la trama y el tema de tu novela, si aún no lo has hecho. A mí me tocó reflexionar sobre ello cuando redacté mi propuesta editorial.

Diferencia entre tema, trama y argumento

Diferencia entre tema argumento trama

La señora Argumento presenta el hilo. La señora Trama corta por aquí y une por allá. Y la señora Tema le da sentido al conjunto.

Todo el mundo pregunta de qué va una novela, pero no siempre tienen claro qué están preguntando exactamente. El mayor peligro que corren los lectores es recibir un spoiler que no esperaban, si alguien les cuenta de verdad el argumento en vez de la sinopsis. Sin embargo, como escritor, es vital que entiendas estos conceptos, porque no saber la diferencia entre tema, trama y argumento puede arruinar tu novela. Por eso deberías tener claros estos conceptos antes de ponerte a escribir tu historia o, al menos, antes de corregirla.

De manera esquemática, podemos definirlos así:

Argumento: conjunto de acciones que llevan a cabo los personajes, expuestas en orden cronológico, pero sin establecer relaciones causales entre ellas.

Trama: Forma de presentar esas acciones y las relaciones causales que se establecen entre ellas.

Tema: Asunto que subyace en la historia que se narra.

El argumento es lo de menos

Argumento

El problema de muchos escritores noveles es que parten de una buena idea, pero no saben desarrollarla. Es decir, tienen (más o menos) claro el argumento de su historia (cuáles son los personajes y qué les va a pasar) y se limitan a explicar los acontecimientos. Pero eso no es literatura. De ahí que el argumento más original del mundo pueda dar lugar a una novela nefasta en manos inexpertas y el argumento más manido, a una novela genial en las manos apropiadas.

Lo importante no es qué cuentes, sino cómo lo cuentes. Para que un buen argumento se convierta en una buena novela hay que estructurarlo, y en eso consiste la trama.

El secreto está en la trama

Trama

Lo que hace que la novela funcione es la trama. Esta se compone de cuatro elementos básicamente: los personajes (¿quiénes son?), sus acciones (¿qué hacen?), sus motivaciones (¿por qué lo hacen?) y la ambientación (¿dónde y cuándo lo hacen?). Para desarrollar estos elementos y, por tanto, construir la trama, hay que elegir el tipo de narrador, el orden en el que se presentarán los hechos y la relación que se establecerá entre ellos.

De la elección del narrador dependerá el tono de la narración, la cantidad de información que se aporte y el ritmo de esta. Por ejemplo, un narrador omnisciente lo sabe todo de todos, pero un narrador testigo solo sabe lo que ve con sus propios ojos.

En cuanto al orden, puedes empezar por el principio, in medias res (en mitad de la historia) o por el final. Seguir la cronología de los acontecimientos o hacer continuos flashbacks y flashforward. Puedes dividirla en capítulos largos, en capítulos cortos o prescindir de ellos. Las posibilidades son muchas. ¿Cómo saber cuáles escoger? Plantéate a qué tipo de lector te diriges y qué sensaciones quieres transmitirle en cada momento. A partir de ahí, aplica los recursos literarios más idóneos.

No hay un narrador ni un orden mejor que otro, depende de las necesidades de cada historia. Eso sí, cuantos más conflictos plantees, más cantidad de tramas y subtramas tendrás que desarrollar. Y cuantos más cambios temporales incluyas, mayor será la dificultad de mantener la cohesión y coherencia de la historia. Por eso, los escritores noveles no deberían meterse en jardines de los que no sepan salir. Si determinada historia exige una trama especialmente compleja, quizá el escritor novel tendría que optar por romper mano con otras historias más simples. O tomárselo con mucha calma para desarrollarla debidamente.

Pero también cometen errores en este sentido los escritores veteranos. Cansados de usar siempre los mismos mecanismos, deciden experimentar, por ejemplo, con un tipo de narrador que nunca han utilizado. Sin embargo, no se puede imponer un determinado narrador o cronología a una historia, ya sea por miedo a salir de nuestra zona de confort o por deseos de salir de ella. Cada historia tiene sus propias necesidades narrativas y el cometido del escritor es detectarlas. Una mala decisión en este aspecto hará que la novela no funcione, por más pericia que tenga el escritor.

En busca del tema

tema

No es necesario que nuestro tema sea original. Es más, es prácticamente imposible que lo sea, ya que toda la literatura gira en torno a los mismos temas universales: el amor, el odio, el sentido de la vida, el paso del tiempo, la muerte… Por tanto, lo que hace a una historia única no es el tema en sí, sino nuestra manera de exponerlo.

En toda historia subyace un tema, pero en ocasiones ni el propio autor sabe cuál es. Al menos, en un principio. Y no pasa nada. Muchas veces, escribimos sobre un tema de forma inconsciente y solo al poner el punto y final a la historia, este se revela. Pero tarde o temprano lo tienes que descubrir, porque en el momento de la corrección revisarás si has logrado plasmar tu idea en torno a ese tema y transmitir el sentimiento que pretendías: esperanza, miedo, vacío, culpa…

Quizá no todos los lectores coincidan en qué tema subyace en tu historia, pues este no suele ser único y cada lector pondrá el foco en uno de ellos según sus propias vivencias. Pero, en mi opinión, sí debería haber unanimidad sobre la emoción que provoca. Si has querido transmitir un mensaje positivo y todos los lectores se quedan hechos polvo, algo no has acabado de controlar en tu historia, ¿no crees?

Un error habitual de los escritores noveles es evidenciar el tema de su obra, en vez de objetivarlo. Eso es peligroso porque puede que el lector sienta que el texto es tendencioso o moralizante, y eso no suele ser del agrado de nadie. La buena literatura evoca, no alecciona.

Saber plasmar un tema provocando la emoción que deseamos es una de las claves para fascinar el lector. Quizá olvide la trama y el argumento, pero en su memoria quedará ese poso que le dejó nuestra historia.

Por qué es importante saber la diferencia entre tema, trama y argumento para corregir una novela

Si eres escritor de mapa, antes de sentarte a escribir ya sabes cuál es el argumento de tu historia, has esquematizado toda la trama y, seguramente, tienes claro el tema principal. Pero cuando concluyes el borrador, has de repasar las primeras anotaciones y comprobar si has conseguido estructurar y transmitir todo lo que tenías previsto. Porque cabe la posibilidad de que la historia se ha ido de madre y, al final, el tema que subyace sea otro y tengas que hacer ciertos retoques en la trama y el argumento.

Si eres escritor de brújula, tal vez empieces a escribir guiado por una simple sinopsis o, como mucho, por un argumento más o menos esbozado. La trama y el tema surgirán a medida que teclees. Llegado el momento de corrección, deberás reflexionar seriamente sobre cuál es el tema, el argumento y la trama de tu novela y aplicar los cambios oportunos. De eso dependerá que tu novela tenga sentido o haga aguas por todas partes.

Sea cual sea tu método de escritura, conocer la diferencia entre tema, trama y argumento es fundamental para poder revisar tu novela y saber si funciona en todos los niveles.

 

Y tú, ¿sabías la diferencia entre tema, argumento y trama?

¿A cuál de estos conceptos recurres cuando te preguntan de qué va tu novela?

 


 

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Comentarios

  1. Hola, me ha encantado el artículo. Intuía lo que cuentas, pero en realidad no sabía que trama y sinopsis eran equivalentes. Yo siempre intento hacer un elevator speech para responder a quienes me preguntan de qué va mi nuevo libro, cuando publico uno, pero no siempre lo consigo, y con la información que das resulta mucho más fácil. Comparto en redes. Saludos.

    • Esther Magar dice:

      Hola, R. R.:
      Me alegra que te haya gustado y te resulte útil. Pero trama y sinopsis no son equivalentes: sinopsis es la idea general, no más de tres o cuatro líneas, y trama es la construcción de la novela en sí. Vamos, cuando conviertes una sucesión de acontecimientos (argumento) en literatura.

      ¡Gracias por la difusión!
      Saludos.

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