El marqués del vino, el origen del buen vino español

El marqués del vinoEL MARQUÉS DEL VINO, de Rafael Simón Redón (2013)

Corría el año 1996 cuando Rafa, mi profesor de Lengua y Literatura, me llamó aparte:

–Tengo que preguntarte algo sobre el cuento que os pedí que escribierais: ¿lo has copiado de algún sitio?

Yo tardé unos segundos en reaccionar. ¿Cómo podía pensar eso de mí? ¡Lo había escrito yo! ¿Es que había alguna historia igual y no me había enterado? Reconocí mi autoría sin saber si me iba a llevar una reprimenda, pero entonces me sorprendieron sus palabras:

–Es que está muy bien.

Aquel hombre no era consciente de lo que esa opinión iba a suponer en mi vida. Yo he escrito desde siempre: con siete y ocho años ya llenaba de poesías libretas enteras; con diez, escribí un par de cuentos; con once, escribí una novela de 115 páginas (un plagio descarado de la película Dentro del Laberinto, lo reconozco). Mi madre siempre me decía que lo hacía muy bien y presumía de mis escritos. Pero claro, la opinión de una madre se agradece, pero no se toma en serio. Por eso, cuando un profesor me dijo que mi historia era buena, por primera vez pensé que, quizá, no lo hacía del todo mal. No tenía por qué avergonzarme de que alguien más allá de mi familia leyera lo que yo escribía.

Cómo descubrí El marqués del vino

Hace unos años supe que aquel profesor iba a dejar el colegio y fui a despedirme de él. Quería darle las gracias porque aquella simple frase, a la que él apenas le daría importancia, supuso un antes y un después en mi innata pasión por escribir. Así fue como descubrí que él también se había embarcado en la maravillosa experiencia de escribir una novela. Este año, por fin, esa novela de la que me habló ha visto la luz y, por supuesto, ya la he leído.

Hoy vengo a saldar una cuenta con el pasado. Será mi forma de agradecer públicamente a aquel profesor lo que hizo por mí. Así que dejaré de hablar de mí para hablaros de él. Os presento a Rafael Simón Redón y su primera novela, El Marqués del vino. Como no podía ser de otra manera, su forma de escribir transmite lo mismo que sus enseñanzas: pasión por lo que hace y una tremenda honestidad.

Sinopsis de El marqués del vino

En el convulso siglo XIX español, donde la violencia es una constante en la vida cotidiana de los habitantes de la península ibérica (guerras, pronunciamientos, asaltos, ejecuciones, asesinatos…) y el clasismo marca la posición que debe ocupar cada uno en la pirámide social, se abre paso un hombre decidido a romper con la tradición, la rutina y los intereses del Antiguo Régimen: Don Camilo Hurtado de Amezaga (marqués de Pedral). Educado en Francia, librepensador, escritor y negociante, don Camilo regresa a España con dos propósitos: desenmascarar a los conspiradores que obligaron a su padre a exiliarse en el país vecino y relanzar los negocios de su progenitor.

En este afán coincidirá con Jean Pineau, excepcional vinatero bordelés. Junto a él, elevará el vino riojano a la altura de los grandes caldos franceses. Intrigas, odios y venganzas se suceden ininterrumpidamente, teniendo como telón de fondo el entramado de la revolución burguesa española y como hilo conductor un producto cuyos cambios en la elaboración y comercialización irán parejos a los que se están gestando en la sociedad, la economía y las políticas decimonónicas: el vino.

Con esta obra, el autor nos introduce en un mundo de pasiones irreductibles y conflictos imparables, envuelto en la atmósfera vibrante de una ambición conmovedora y saludable: levantar el país revolucionando sus entrañas.

¿Por qué leer El marqués del vino?

En esta novela histórica aparecen personajes reales como el marqués de Pedral o el general Cabrera, destacado líder carlista. Para mí, este fue uno de los principales atractivos, ya que no había leído ninguna historia en la que este movimiento político, tan presente en s. XIX español, jugara un papel relevante dentro de la trama. Además, el autor introduce varios episodios reales que, a pesar de ser especialmente cruentos, están descritos con mucha clase.

El otro punto fuerte es el trato que se da al vino y a su proceso de elaboración. No hace falta ser un enamorado de esta bebida para disfrutar con las descripciones que de ella se dan. Al menos yo, que solo bebo vino en los eventos sociales, me he recreado en su compleja elaboración. Me han parecido apasionantes todas las vicisitudes sufridas por los vinateros españoles para lograr la excelencia en sus caldos. Y es que de eso trata esta novela, de cómo don Camilo luchó contra los anclajes de la retrógrada sociedad española, convencido de que las cosas se podían hacer de forma diferente… Y mejor.

En definitiva, esta historia habla de la pasión por un sueño y de la fuerza del progreso. Salvando las distancias, los defectos de la sociedad española de hoy en día no son tan diferentes a los que en esta novela se critican. Por eso, conocer la historia de don Camilo y su inseparable Jean Pineau es una forma de no perder la esperanza. Los cambios son posibles si estamos dispuestos a luchar por ellos.

 

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