Escritor novel, ¿sufres el efecto Dunning-Kruger?

Ahora que estamos aquí tú y yo y nadie nos ve, marca con una equis las afirmaciones con las que te sientas identificado:

Ο Piensas que saber escribir es un don y tú has nacido con él. No necesitas aprender nada, solo contar las historias que llevas dentro.
Ο Has presentado tu primera novela a varias editoriales y la han rechazado. Y no lo entiendes: su calidad está bastante por encima de lo que hoy en día se publica.
Ο Has autopublicado tu libro sin ayuda de nadie: ni maquetadores, ni correctores ni nada. Unos cuantos tutoriales de Youtube, unas cuantas revisiones y ¡listo! Te ha quedado tan bien que nadie notará la ausencia de profesionales.
Ο Tu libro ha recibido opiniones negativas. Pero es que no todos los lectores entienden tu obra.

¿Has señalado alguna de ellas? Vaya, eso es que te has cruzado con editores incompetentes o lectores ignorantes. Tal vez sufrían el efecto Dunning-Kruger y eran incapaces de reconocer un trabajo bien hecho. Pero ten cuidado, a ver si el que realmente sufre ese efecto eres tú.

¿Qué es el efecto Dunning-Kruger?

Muchas veces tendemos a culpabilizar de nuestros fracasos a las circunstancias y a los demás. Pero ¿y si se debieran a nuestra deficiente autoevaluación?

Los psicólogos David Dunning y Justin Kruger, de la universidad de Cornell, se plantearon la siguiente hipótesis: ¿es posible que nuestra propia incompetencia nos vuelva inconscientes de esa misma incompetencia? Y demostraron que sí. A ese fenómeno lo denominaron efecto Dunning-Kruger. Puedes leer el Journal of Personality and Social Psychology publicado en diciembre de 1999 para conocer más detalles de aquel estudio y sus resultados, pero yo te lo resumo aquí a grandes rasgos.

¿Cómo comprobaron que los incompetentes eran incapaces de reconocer su incompetencia? Mediante un experimento en el que primero midieron las habilidades intelectuales y sociales de un grupo de estudiantes y, después, les pidieron que se autoevaluaran de esas mismas habilidades. En ese estudio quedó constatado que los estudiantes más brillantes estimaban que sus habilidades estaban por debajo de la media, mientras que los más incompetentes consideraban que las suyas estaban por encima de las del resto. 

Invadidos por el efecto Dunning-Kruger

Todos sufrimos alguna vez el efecto Dunning-Kruger, reconozcámoslo. Y es que cuando tenemos un conocimiento superficial sobre un tema tendemos a creer que tenemos un conocimiento complejo. ¿Estarías tú entre ese 80 % de los conductores que afirman conducir mejor que la mayoría, tal y como un estudio de la universidad de Wellington reveló, aunque ese dato, por pura estadística, sea imposible? ¿Has resuelto los problemas del mundo en una tarde, con la ayuda de tus amigos y una cerveza? Ese cuñadismo de dar lecciones sobre temas de los que poco o nada sabemos no solo está extendido por España, sino que es de lo más habitual en el ser humano.

Nos cuesta evaluar nuestras propias habilidades de forma objetiva y, paradójicamente, cuánto menos sabemos sobre una materia, más expertos nos consideramos. ¿Por qué? Porque precisamente las habilidades que nos hacen desempeñar bien una tarea son las mismas que nos permiten evaluar si tenemos esa habilidad. Te pondré un ejemplo para que quede más claro: imagina que desconoces las reglas ortográficas y gramaticales. Entonces ¿cómo vas a detectar qué fallos hay en un texto? Con entender el mensaje, lo darás por bueno, aunque sea algo así:

errores ortográficos
Y como no serás consciente de tu propia incompetencia, incluso te erigirás como experto, dispuesto a ayudar a los demás:

errores ortográficos 2
El efecto Dunning-Kruger en el escritor novel

El efecto Dunning-Kruger también está muy extendido en el mundo literario: desde personas que leen cinco libros al año y sientan cátedra de lo que es buena y mala literatura hasta editores que hacen libros como churros, primando cantidad sobre calidad, y se presentan como profesionales de referencia. Pero el efecto Dunning-Kruger es más evidente en los escritores noveles. Sobre todo en aquellos que simplemente se dejan llevar por su instinto, sin preocuparse de perfeccionar sus competencias lingüísticas y narrativas  y sin contar con profesionales a la hora de editar y promocionar su obra. Ellos todo lo hacen bien, están convencidos de ello, y si luego la cosa no funciona, es culpa de los demás, que no saben reconocer el verdadero arte.

efecto Dunning Kruger

Como a todos nos han enseñado a escribir, creemos que sabemos comunicar. Cuando tenemos una gran idea en la cabeza, damos por hecho que seremos capaces de plasmarla. Y, además, ¡estamos convencidos de que la gente estará deseando leerla! Pero la literatura es algo mucho más complicado que eso.

A lo mejor suena duro esto que te voy a decir, pero es la realidad: que te guste escribir no significa que lo hagas bien. Ni siquiera puedes considerarte experto porque lleves muchos años haciéndolo o hayas publicado libros.

La falta de conocimientos y experiencia nos hace sobreestimar nuestras capacidades y nos lleva a cometer errores. Es normal. ¿Cuántos escritores noveles han pensado que su primera obra era una maravilla y diez años después han renegado de ella? ¿Cuántos autopublicados se han acabado avergonzando de cómo publicaron la primera vez?

¿Cómo puede el escritor novel superar el efecto Dunning-Kruger?

Es importante tener capacidad autocrítica. Nos ayuda a reconocer nuestros errores, nos motiva a formarnos para poner remedio a nuestras carencias y nos anima a pedir ayuda a profesionales para que nos guíen con su experiencia. De nada sirve que neguemos nuestras equivocaciones, lo mejor es que nos sirvamos de ellas: son la mejor herramienta de aprendizaje que la vida pone a nuestra disposición.

Tal vez hoy seas un escritor del montón, mediocre incluso, pero eso no ha de preocuparte. Nadie nace enseñado ni todo se aprende en un día. La escritura es una carrera de larga distancia en la que deberías aspirar a que tu siguiente libro siempre sea mejor que el anterior. Pero para ello deberás dejar a un lado la vanidad. Esto no es una cuestión de que confíes en ti y en tu obra ciegamente, si no de analizar con objetividad si lo que has escrito merece ser publicado, si lo que has publicado merece ser leído. Detecta tus carencias y tus fallos. Fórmate para superarlos. Y entonces, a medida que lo hagas, te darás cuenta de lo incompetente que eras al principio.

Mi efecto Dunning-Kruger

Yo tuve el efecto Dunning-Kruger. Siempre había destacado en las asignaturas de lengua y rara vez tenía faltas, por lo que creía que tenía dominada esa materia. Mis conocidos lo sabían y confiaban en mí, por eso a veces me pedían una ayudita. Hice mi primeros pinitos como correctora revisando la tesis de una amiga ¡y hasta la novela de un exjefe! En el caso de aquella novela, estoy segura de que la dejé mejor que estaba, porque aquel hombre cometía faltas ortográficas más que evidentes. Pero si ahora revisara el trabajo que hice con ella, seguro que me echaría la manos a la cabeza. Porque corregir no es simplemente eliminar faltas, es un trabajo minucioso que revisa un montón de aspectos del texto. Ahora lo sé, pero mi ignorancia de entonces me hacía muy osada.

Después de haberme especializado en corrección y llevar años ejerciendo, soy más consciente que nunca de su complejidad y siempre estoy alerta para hacer un buen trabajo. Las erratas son muy puñeteras y los correctores, desgraciadamente, no somos infalibles. Considero que soy buena correctora, pero sé que aún podría ser mejor. Por eso sigo formándome e intento aprender de profesionales con más años de experiencia que yo. Y hasta de mis clientes, que siempre me enriquecen con su punto de vista.

Y en mi faceta de escritora también he sufrido el efecto Dunning-Kruger, claro. Al hablar con muchas personas que escriben, he sentido que yo estaba por delante a años luz, ya que desde siempre he leído mucho y he sido muy autodidacta. Pero el efecto Dunning-Kruger se ha desvanecido en cuanto he hablado con escritores más experimentados, que me han hecho ser consciente de mis propias lagunas. Y es que, para hacer una autoevaluación fiable de nuestras habilidades, debemos compararnos con el resto. Porque si solo nos tenemos en cuenta a nosotros mismos o a los que están por detrás, nos estaremos autoengañando.

Los efectos secundarios de superar el efecto Dunning-Kruger

Entender que es nuestro propio cerebro el que nos dificulta autoevaluarnos con objetividad es el primer paso para superar el efecto Dunning-Kruger. Quizá seas un mal escritor y aún no te hayas dado cuenta. O, tal vez, solo tengas carencias en algunos aspectos. Pero en cuanto tomes consciencia de ello, podrás ponerle solución. Y tampoco tienes que ser experto en todo, ¿eh? Puedes contar con profesionales que te ayuden en las materias que no te apetezca dominar y centrarte en perfeccionar aquellas que más te interesan.

Pero te advierto que superar el efecto Dunning-Kruger tiene sus contraindicaciones: tu anterior confianza se convertirá en continua duda. Sentirás que no sabes lo suficiente todavía y, precisamente gracias a eso, continuarás aprendiendo y mejorando. Así que dudar tampoco es tan malo, ¿no?

¿Estás dispuesto a superar el efecto Dunning-Kruger, escritor novel?

 


 

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