Insectos comunes

«La señorita Inés Vallejo vino a recoger los resultados de su analítica anual hace dos meses. Gozaba de una excelente salud. No obstante, me comentó que había comenzado a sufrir picazón. Tras las preguntas rutinarias en estos casos, y al no observar en su piel inflamación, reacción alérgica o sequedad, le insté a que, si la picazón persistía, volviera más adelante para analizar las posibles causas». 

Trascripción del testimonio de Alejandro Algarra (médico de cabecera).

«La señorita siempre fue un poco rarita, ¿sabe usted? Así que cuando me dijo que veía bichos no se lo tuve en cuenta. Porque otra cosa no sabré, pero limpiar, un rato; y en esa casa no había ni un bicho ni medio, se lo digo yo. De todas formas, frotaba con más ganas para que me viera y se callara. Pero ella erre que erre. Nunca le parecía suficiente. “¿No ves los bichos? ¡Están ahí! ¡En las esquinas! ¡En todas las esquinas!”.

Y yo no veía na’ de na’, pero venga a lavar con agua y vinagre. La casa olía a rayos, y ella seguía a la suya. “¡Los bichos! ¡Los bichos! ¿Es que no oyes sus zumbidos?”, gritaba. Y se ponía a pisotear el suelo, intentando asesinar a esos malditos insectos imaginarios. Pero lo que yo le diga, los únicos zumbidos que habían en esa casa eran los de su cabeza».

Trascripción del testimonio de Dolores Rodríguez (asistenta).

«La primera vez que los vi, salieron por la pequeña grieta del suelo de la cocina. “Habrán acudido siguiendo el rastro de la basura sin sacar”, pensé. En cuanto llegó Dolores, le dije que la tirara y limpiara bien. Pero, al día siguiente, aparecieron en la esquina del salón. Eran diferentes a los otros, más parecidos a las arañas, aunque sin serlo… No eran insectos comunes. Al tercer día, vi asomar unas antenas por el sumidero del baño. ¡Dios, qué asco! Pero lo peor fue cuando esos minúsculos seres comenzaron a colarse en la comida…».

Extracto del diario de Inés Vallejo.

«Mauricio Tratamientos, me cargo a sus bichos en un momento, para servirle los 365 días del año. Aquí tiene mi tarjeta, los precios más económicos del mercado. De acuerdo, de acuerdo, iré al grano… Fumigué la casa de esa señora hace mes y medio. Si quiere que le diga la verdad, ella me aseguraba que su casa estaba plagada de insectos, pero, cuando fui, allí no había nada. No he visto casa más limpia. Pero ¡cualquiera se lo decía! Estaba tan desesperada, que yo fumigué con el pack completo. No se vaya a pensar que me aproveché de la señora por cuatro duros, no, señor. Lo que pasa es que fumigué por si las moscas… (Risa). ¿Lo pilla? ¡Por si las moscas! (Silencio). Perdone, es un chiste del gremio. Ejem… Pues eso, que lo hice para que la pobre mujer se quedara más tranquila. (Silencio). ¿Me puedo ir ya?».

Trascripción del testimonio de Mauricio García (fumigador).

«La fumigación no ha servido de nada. Los bichos no han desaparecido, sino que se han multiplicado y mutado. Ahora son mucho más extraños, agresivos. Ya no se conforman con mi comida ni mi basura, ahora me quieren a mí… Siento que los tengo encima todo el rato y me rasco hasta hacerme sangre. Es horrible».

Extracto del diario de Inés Vallejo.

«La señorita Inés Vallejo volvió a mi consulta hace un mes. Esta vez sí mostraba un evidente daño cutáneo, además de síntomas de desnutrición e insomnio. La señorita Vallejo me explicó que sufría una plaga de insectos en su casa y que había tomado medidas para higienizarla. Sin embargo, no me pareció que en su piel hubiera rastro de picaduras. Más bien se debía a una alteración nerviosa acusada, que le hacía rascarse incontroladamente. Le recomendé que se mudara de casa, ya que tenía una segunda vivienda, y le mandé una serie de analíticas para valorar su actual estado de salud. Mi principal hipótesis en ese momento era que la señorita Inés Vallejo sufría una falsa parasitosis, así que le receté unos ansiolíticos para tratar su ansiedad».

Trascripción del testimonio de Alejandro Algarra (médico de cabecera).

«Desde que estoy en la nueva casa, no hay rastro de insectos. Aun así, no me fio. Ya no me pica la piel como antes, ahora es un picor mucho más profundo. Me viene de adentro y no hay forma de calmarlo. Ya no los veo, pero… los siento. No hay vuelta atrás: o ellos o yo».

Extracto del diario de Inés Vallejo.

«V. M. M., un hombre de 48 años, ha sido detenido esta mañana por  el homicidio de I. V. D., una mujer de 58 años, ambos de nacionalidad española. El detenido trabajaba como curandero en un suburbio de Madrid desde hace cinco años, pero carecía de antecedentes o denuncias. Presuntamente, la víctima solicitó sus servicios y falleció a causa de las múltiples incisiones y escisiones que el curandero practicó en su cuerpo. En la estancia donde presuntamente se desarrollaron los hechos se han hallado huevos de diversos insectos aún por identificar».

Extracto de la noticia firmada por Rafael Olivas (periodista).

«El recluso 425863 (Víctor Martín Molinos) padece delirios y alucinaciones ante la presencia de insectos comunes como hormigas, arañas o cucarachas. Sus alteraciones mentales transitorias le han hecho protagonizar varios episodios violentos contra sus compañeros de celda. Se le ha reubicado en una celda independiente para evitar estos altercados, pero ha atentado contra sí mismo, inflingiéndose varios cortes en los brazos con un objeto punzante de origen desconocido. Se solicita un análisis psiquiátrico urgente del recluso 425863 para valorar su traslado a una institución de salud mental».

Extracto del informe sobre el recluso 425863. Centro Penitenciario Madrid Oeste.

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