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La muñeca negra

Sara salió al patio con su muñeca remendada. Antes de que se le ocurriese arrancarle la cabeza en una tarde de aburrimiento, había sido una preciosa muñeca de piel nacarada, ojos azules de largas pestañas y cabellera rubia y rizada. Tras el arrebato, mamá había decidido coserle la cabeza de una muñeca antigua que ella misma había hecho en su niñez, durante las clases de corte y confección de la escuela. El resultado fue una muñeca de cuerpo blanco y vestido sedoso, con una cabeza negra y aplanada, de pelo pintado. Pero era igualmente una muñeca con la que poder jugar, al menos eso les parecía a mamá y a ella.

Sentada en el suelo del patio, Sara jugaba con su muñeca cuando apareció Paula para reírse de ella, como siempre:

–¡Qué muñeca tan fea! –rió la niña–. ¿Qué le ha pasado en la cabeza?

Sara intentó explicarle lo que había hecho su mamá para arreglarla y Paula rio aún con más ganas. Sara se sintió muy pequeñita, tan fea y poca cosa como su muñeca, y se puso a llorar. Al llegar a casa, tiró la muñeca contra su madre y empezó a gritarle todo el odio contenido que no se había atrevido a volcar sobre Paula:

–Esa es la muñeca más fea del mundo, ¡y no la quiero!

Su mamá no entendía nada. Para ella era una muñeca preciosa, con esa cara que le hacía rememorar su propia infancia y el cariño con el que había dado cada puntada. Sara insistió en que la tirara a la basura pues no la quería volver a ver jamás, y su madre le prometió que así lo haría. Pero le pudo más la nostalgia y, con todo el pesar de su corazón, la relegó a un rincón oscuro del su armario donde moriría apolillada por el olvido.

Esa noche, Sara lloró mucho. No entendía cómo, esa misma mañana, había visto bonita a ese esperpento de muñeca. En un ataque magistral del clasismo y racismo “muñequeril”, Paula le había incubado el germen del «qué dirán». Nunca más una muñeca sería una simple muñeca, nunca más Sara volvería a ver el mundo con la misma inocencia desprejuiciada.

6 comentarios el “La muñeca negra

  1. Esther Riobó
    13 de diciembre de 2012

    Me ha encantado. Quizá dentro de veinte años Sara encuentre la muñeca en un rincón del armario, y se de cuenta de que Paula no ha ganado, a pesar de todo 😉

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  2. Toni (Autotomía)
    15 de octubre de 2014

    Sí, así es la vida. Muy bien escrito. Un abrazo.

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  3. rachael
    15 de octubre de 2014

    Pues iba a hacer una especie de broma, del tipo: “Moraleja, no temas que tu muñeco sea feo y diferente, porque en la diferencia es donde reside el encanto que lo hace especial .” Pero me he dado cuenta de que tengo prejuicios respecto a las muñecas (en femenino). Eramos y somos cinco hermanos y a ninguno se nos dieron muñecas para cuidar, siempre fueron personajes de cuento, que podían interactuar unos con otros en tu historia particular… De todos modos tu relato me ha gustado (porque, la verdad, escribes muy bien y siempre se hace ameno). Me ha gustado su dramatismo y lo que pretende enseñar. (Que no me educaran normal, no afecta a mi comprensión, no siempre…) Gracias. Un saludo.

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    • Relatos Magar
      15 de octubre de 2014

      A mí me regalaron muchas muñecas pero nunca me gustaron. ¿Sabes cómo jugaba con ellas? Cogía una, la acunaba entre mis brazos y le decía: “Mamá se va a trabajar”. La dejaba en el sofá y me iba a hacer otra cosa…
      El otro día te dije que me gustaba tu casa y hoy te digo que me gusta vuestra forma de jugar de pequeños, mucho mejor que mimar muñecas repipis.
      Un saludo.

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