Relatos Magar

Si eres lector o escritor, este es tu sitio: relatos, reseñas y artículos sobre literatura.

Caput

La estancia estaba en penumbras, alumbrada por el tenue resplandor de la luna que se colaba por la ventana abierta de par en par. Era una noche calurosa y Rodrigo dormía a pierna suelta. De repente, un extraordinario frío le acarició la piel y se despertó de golpe. Rodrigo gritó aterrado cuando vio el filo de la guadaña sobre su cara.

–¡Mierda! –farfulló la sombra que estaba ante él.

–¡¿Quién es usted?! ¡¿Qué hace aquí?! ¡¡Casi me mata del susto!! –le increpó Rodrigo mientras se arrinconaba en su cama, tembloroso.

–¿Del susto? No, no, no vas a morir de eso. Si no me equivoco… –la extraña sombra, con un golpe seco, desplegó un pergamino y lo miró con atención– vas a morir de ataque al corazón por una dieta elevada en grasas.

death-dosflores-rincewind

–Pero ¿de qué está hablando? ¡Váyase ahora mismo o llamo a la policía!

–¡Oh, vamos! ¡No me hagas eso! ¡Es mi primer día! No te tenías que haber despertado, así lo complicas todo. Yo no quería molestar. Tú tendrías que estar dormido, llegaba yo, un sutil golpe de guadaña y ¡caput!

–¿Cómo que caput?

–Pues eso, caput: muerto, finado, cadáver, fiambre…

–¡Sé lo que significa caput! Pero ¿por qué quiere matarme? ¿Qué le he hecho yo?

–No es nada personal, hombre, no te lo tomes tan a la tremenda. El trabajo es el trabajo.

–¿Por trabajo? Pero ¿quién es usted? ¿Por qué su trabajo es matarme a mí? ¡Si solo soy un pobre desgraciado que no ha hecho mal a nadie!

–¡Ay, disculpa mis modales! ¡No me he presentado! Soy La Muerte, encantada. –La sombra estrechó la mano a Rodrigo que, al sentir el tacto de los fríos huesos, quedó sobrecogido –. No te creas que soy una maleducada, pero es que de normal no se va a saludando a los clientes, ya sabes, antes del trabajito. Me dijeron que era por evitar la impresión, el trauma. El miedo a morir y todo eso. Dicen que la gente intenta convencerte, sobornarte, ¿tú te crees? ¡Increíble! Por eso insisten tanto en que seamos sigilosos, por ahorrar estos contratiempos. Si no, la cosa se alarga y se acumula la faena. Acabas matando a la gente de mala manera y luego te echan la bronca…

–¿Quién echa la bronca?

–Pues los de arriba, los “jefes”. Pero creo que he hablado de más, a ellos no les gusta darse a conocer, así que yo no te he dicho nada, ¿de acuerdo? ¿Qué te parece si fingimos que esto no ha pasado y te haces el dormido? Será un toquecito de nada…

–No me mates, por favor, ¡me queda mucho por vivir!

–Exactamente, 3 minutos y 40 segundos –dijo mirándose su huesuda muñeca.

–¡No me diga eso! ¡No puedo morir! ¡Aún no he conocido el amor verdadero!

–Tienes 44 años y 306 días, no me vengas con que no te hemos dejado margen para que hubieras aprovechado mejor el tiempo…

–¡Dios mío, no quiero morir!

–Dios no tiene nada que ver con esto, trabajamos por libre. Digamos que es el último eslabón de la cadena. Y nosotros, sus proveedores.

–¿Y por qué yo? ¡Soy joven! ¡No es justo!

–Deberías estar contento, te tocaba muerte mientras dormías. Un ataque al corazón fulminante, apenas sin dolor. Si supieras el resto de muertes que me toca cubrir esta noche, te darías con un canto en los dientes.

–Pero… pero… yo prefiero vivir…

–¿Vivir? ¿Para qué? Tengo tu biografía delante y la verdad es que no es para echar cohetes. Si lo miras bien, te estoy haciendo un favor…

–¿Hay algo después de la muerte?

–No estoy autorizada para dar esa información… Pero confía en mí, visto lo visto, peor no vas a estar. Y a mí también me ayudas, ¿no querrás que me echen en mi primer día? Me ha costado mucho conseguir la plaza y es un trabajo muy competitivo. No nos permiten que tengamos miramientos y, como hoy no te mueras, a mí me dejan de patitas en la calle. Se puede producir un colapso universal, cambiar el rumbo de la Historia, ¡un desastre! ¿Eso sería justo? Te pesaría en la conciencia, que lo sepas…

–Bueno, bueno, no se ponga así, yo no quiero perjudicar a nadie. Ha sido muy amable conmigo… La verdad es que hacía tiempo que no tenía una charla tan larga…

–Entonces, ¿me dejas continuar?

-Sí, supongo –dijo Rodrigo, resignado, acostándose sobre la cama–. ¡Una cosa! ¿Me promete que no me va a doler?

–¡Te lo prometo! ¡Soy un profesional! En sigilo siempre he andado flojo, pero a la hora del toque final, soy infalible.

–De acuerdo, de acuerdo. Pues… ¡adelante! –Rodrigo suspiró, cerrando los ojos.

–¡Gracias, hombre! –exclamó La Muerte, poniéndose en posición–. ¡Es un placer trabajar contigo!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Follow Relatos Magar on WordPress.com

Únete a otros 241 seguidores

Aviso legal

Todos los derechos reservados en virtud de lo dispuesto en los artículos 8 y 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual.

Estadísticas del blog

  • 72,105 hits
A %d blogueros les gusta esto: