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El Diablo a su servicio

–El Diablo a su servicio ­–dijo el extraño personaje al dejar su tarjeta sobre la mesa.

La risa se le atragantó al señor Anson cuando se quemó los dedos al tocarla. Enseguida tuvo la certeza de que no era un desequilibrado.

–¿Qué quiere de mí? –Se irguió en su silla para disimular el temblor de su cuerpo.

–Vengo a renovar viejos acuerdos. Supongo que su padre, antes de morir, le puso al tanto de nuestros asuntos…

–No sé de qué me habla…

La risotada del insólito individuo le hizo tragar saliva.

–Veo que los Anson no cambian. Nunca cuentan el secreto de su éxito a sus vástagos.

–¡Dígame qué quiere o márchese!

–Su alma, señor Anson. –Aproximó su rostro de ojos llameantes–. Su miserable alma a cambio de una vida de lujos, excesos e impunidad. ¿No es una ganga? Además le garantizo una muerte tardía e indolora, una oferta inmejorable. Las célebres vidas de su padre y abuelo demuestran la fiabilidad de mi palabra. –Sus alargados y enrojecidos dedos apresaron las manos de Anson que, en ese instante, rememoró la fortuna de sus antecesores y visionó su futuro grandioso–. Con firmar aquí, todo solucionado. –Un contrato de minúscula letra apareció sobre la mesa–. Su empresa en quiebra volverá a ser un referente del sector en menos de tres meses. Me encargaré de mantenerla en lo más alto mientras usted disfruta su mundana vida.

–¿Solo una firma? –Su mano tembló al coger el bolígrafo.

–¡Claro! ¡Solo una firma! Y bueno, poner su alma a mi disposición el resto de la eternidad. ¡Pero para eso falta tanto tiempo! ¿Qué más dará? Lo importante ahora es solucionar sus problemas económicos, señor Anson.

Anson firmó, despacio. Las uñas del oscuro personaje se clavaron en la caoba del escritorio, su risa espasmódica retumbó en el despacho.

–¡Extraordinario! –Enrolló el contrato y lo hizo desaparecer–. Cada generación es más fácil negociar con los Anson. Ahora decida su ofrenda y habremos terminado.

–¿Qué ofrenda?

–¿No leyó la letra pequeña? Exijo la ofrenda de un infante antes de conceder mis favores. Por supuesto, usted decide: ¿el pequeño Steve o el travieso Tommy?

–¿Pretende que condene a uno de mis hijos?

–La historia está llena de hombres ricos con trágicas historias familiares. Entendieron que su gloria merecía ese pequeño sacrificio. ¿No recuerda que su tío Michael murió en una pelea infantil? ¿O que una bola perdida mató a su hermano Clint en aquel partido de béisbol? Sus antecesores tuvieron claro a qué hijo dejar vivo para asegurar las futuras renovaciones de nuestro acuerdo, ahora usted debe hacer lo mismo. La fortuna de la que disfrutará después le hará olvidar todo cargo de conciencia, se lo aseguro. Me comprometo a que el hijo ofrendado tendrá una muerte fulminante, ni se enterará. Quizá la inesperada caída de un objeto contundente sobre su cabeza o un accidente de camino a su partido de fútbol. Elija a quién salva, del resto me encargo yo.

De repente, un nombre resonó en la cabeza del señor Anson y se escapó de sus labios:

–Tommy…

–¡Excelente elección! –rio el señor de las tinieblas, poniéndose en pie y estrechando la sudorosa mano de su nuevo súbdito.

Escondido detrás del sofá del despacho, un niño sonreía. Su padre había elegido bien. El travieso Tommy estaba deseando tener al Diablo a su servicio.

3 comentarios el “El Diablo a su servicio

  1. Alfonso Mosquera Sánchez
    11 de diciembre de 2014

    Excelente!!!

    Me gusta

  2. Pingback: Autobombo: Relatos Magar cumple 3 años | Relatos Magar

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