Relatos Magar

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Rewind

Año 2099. ¿O debería decir 1931? Aunque el calendario sigue su curso, la historia parece haberse dado la vuelta. Es difícil precisar cuándo se invirtió el tiempo, pero estoy convencido de que fue en 2015. Yo tenía entonces 15 años y mi madre, una prestigiosa científica, acababa de descubrir que el planeta Tierra había entrado en órbita con un agujero de gusano. Saltaron las alarmas, los medios de comunicación se coparon de especialistas que vaticinaban todo tipo de tragedias, la población entró en pánico. Pero, a los pocos días, nadie recordaba nada. Solo yo. Las fórmulas de las pizarras se habían borrado, los periódicos con la noticia en portada habían desaparecido, en internet no quedaba rastro de tan magno acontecimiento. Ni una sola persona volvió a mencionar jamás aquello. Nada.

Pensé que me había vuelto loco, que quizá había sido una pesadilla. Sin embargo, el mundo tal y como lo conocía empezó a cambiar despacio, en detalles apenas perceptibles. No me resultó extraño que el euro desapareciera y cada país volviera a su moneda anterior; ni que, poco a poco, varios países fueran saliendo de la Unión Europea hasta llegar a extinguirse. Que la fecha de su fin coincidiera con la de su origen era simple coincidencia, nada más. Cuando los teléfonos móviles dejaron de ser pequeños ordenadores para que emergieran mil artefactos especializados en cada una de sus funciones, o las redes sociales cerraron, volviendo a llenar las cafeterías y los bares de gente que se miraba a los ojos para hablar, pensé que las viejas modas siempre volvían. Lo que sí me resultó llamativo, aunque todavía no supe enlazarlo con el resto de acontecimientos, fue que internet se volvió más lento, más primitivo, hasta que todos dejaron de tener interés en él. Los periódicos, televisiones y bibliotecas fueron de nuevo los medios para saber qué ocurría a nuestro alrededor.

No fue hasta el 9 de noviembre de 2041, al levantarse un muro que partía en dos a Alemania, cuando fui consciente por primera vez de que la historia se repetía. Comencé a anotar en un diario las noticias mundiales. Hasta ese momento la sucesión de atentados y guerras no me había llamado la atención, pero fui comprobando que los bandos y duraciones de los conflictos se repetían con exactitud. Sentía impotencia al comprobar que la humanidad repetía cada uno de sus errores, pero también me alegraba al ver como el asfalto perdía terreno en favor de los árboles, y no me importaba que tardara el doble en transportarme de un lugar a otro. El aire estaba tan renovado que compensaba el resto de molestias. La televisión se convirtió en blanco y negro, hasta que un día, nadie quiso ninguna.

Yo, que había observado el mundo desde la palma de mi mano en la adolescencia, no podía conocer las novedades de la Guerra Mundial que asolaba Europa, si no es que algún diario se atrevía a contarlo. En aquel momento, no fue más que una de las tantas censuras a las que nos sometió una dictadura que duró cuatro décadas. Demasiado viejo para entrar en combate, sobreviví a la Guerra Civil que acabó con el Régimen, a costa de tantas vidas. Hoy, lleno de emoción, contemplo cómo se aprueba la constitución española de 2099, declarada por la ahora llamada Primera República. Me parece un gran logro después de todo lo sufrido.

Es curioso que, del derecho o del revés, la correlación de hechos varíe tan poco. Distintos protagonistas, algunas variaciones en las causas, pero los mismos hitos y dramas. Qué insignificantes parecemos así las personas. Sé que pronto llegará el crack bursátil que sumirá al mundo en una nueva crisis económica y, lo que es peor, que otra Guerra Mundial está a la vuelta a la esquina. Aunque yo, que estoy a punto de cumplir cien años, dudo que llegue a verlo. Ya he visto demasiado, y eso que solo he visto el principio.

Os preguntaréis por qué he decidido ser un espectador pasivo de todo esto. ¿Acaso no me hubieran tomado por lunático? Estoy convencido de que no es la primera vez que la historia da este camino de ida y vuelta, y que ha habido otros como yo en tiempos anteriores, llamados visionarios. Estos, desgraciadamente, nunca han corrido buena suerte al querer cambiar el rumbo. A lo sumo, han sacado provecho de su información anticipada.

Yo lo único que he pretendido ha sido encontrar algún sentido a este ir y venir, pero no lo he logrado. ¿Quizá el Universo esté dándonos nuevas oportunidades para detectar en qué momento la humanidad se va a la mierda y poder enmendarlo? Puede ser. Pero, visto lo visto, me temo que estamos abocados a destruirnos unos a otros, dormir en cuevas y ser extinguidos por otros animales más grandes y fuertes.

Ese sería un final justo.

Porque lo justo sería que hubiera un final.

4 comentarios el “Rewind

  1. Fortuna Lago
    30 de abril de 2015

    Muy, muy, muy bueno. Excelente, diría. Pero no lo considero propio de Cuarto Milenio, sino de Ciencia Ficción de la buena. Ah, y me encanta la moraleja.

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    • Relatos Magar
      3 de mayo de 2015

      Un placer volver a leerte por aquí y recibir tus comentarios tan positivos. Mil gracias.

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