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El creador de sueños

Aquellos fueron tiempos gloriosos. Las mujeres se volvían locas cuando él las partía en dos, les clavaba su larga espada o las hacía levitar bajo la sábana. Las fiestas no tenían fin y él celebraba su éxito con botellas de champán y gastando el dinero a espuertas. Muchos decían que la fama se le subió a la cabeza, que se creía sus propias mentiras, pero esos no entendían nada: él era el mejor, “El gran Anselmo, creador de sueños”.

Veinte años después, de esa época solo quedaba un cartel publicitario con el color carcomido por el tiempo, pegado en la pared de su cochambroso piso alquilado. Allí estaba él, vestido con su sombrero chistera y su larga capa negra, sonriente, con un ojo guiñado y ese bigotito fino que siempre se pintaba para que le diera más clase; en una mano, la varita, y en la otra, una docena de pañuelos de colores anudados entre sí. Debajo, en letras doradas, se anunciaba: El gran Anselmo, creador de sueños. No se lo pierdan. Todas las noches en la Sala de Espectáculos del Hotel Real. Les hará creer en la magia.

¿Qué había sido de todo aquello? ¿Cuándo había quedado relegado a cumpleaños infantiles, residencias de ancianos y actuaciones de veinte minutos en pueblos perdidos? Ese no era el público que él merecía. Unos no entendían sus espectáculos, otros se dormían durante la presentación y algunos cuchicheaban entre sí, riéndose por lo bajo. Él no había sido el mejor de los magos para acabar humillado de esa manera. Le quedaban un puñado de amigos, compañeros de oficio, con la barriga crecida y las ambiciones muertas, que siempre repetían la misma historia:

–Lo que pasa es que nuestro estilo está obsoleto. La gente ha visto demasiadas cosas ya y no se cree nada. No se deja envolver por la magia y se empeña en encontrarle el truco a todo. Así no se puede trabajar. Ahora lo que triunfa es la hipnosis o la telepatía. Solo si te metes en sus cocos les consigues impresionar; pero, para eso, hay que ser verdaderamente bueno y yo, a mis años, prefiero quedarme anticuado y ganarme el sueldo. Puede que esos mocosos y esos viejos pasen de mis trucos o me los saboteen, pero, al menos, como todos los días.

No, el gran Anselmo, creador de sueños, no podía resignarse así al ocaso de su carrera. Decidió dar un giro a su estilo y no anclarse en el pasado. Se compró decenas de libros sobre telepatía y clarividencia, y se sumergió en sus páginas, día y noche, intentando desentrañar los misterios de la mente. El insomnio fue su aliado para no malgastar ni un instante de su existencia en otra cosa que no fuera conocer esos poderes e imbuirse de ellos. No tardaron en aparecer las voces en su cabeza: «Eso tiene que ser buena señal, creo que empiezo a percibir los pensamientos que giran a mi alrededor». Descuidó su alimentación y se aficionó a acompañar su estudio con una botella de vino: «¡Es asombroso! Mi concentración aumenta mucho más si bebo, las voces se escuchan cada vez más claras».

Tras varios meses de reclusión, decidió salir a la calle a poner en práctica sus nuevos poderes. Deambulaba por las calles, riéndose solo, y la gente se cruzaba de acera cuando se lo veía de frente: «Me tienen miedo, ji,ji… Notan cómo me cuelo en sus cerebros y les leo sus secretos más ocultos, ji,ji. Seguro que nunca antes alguien ha tenido este poder tan desarrollado, ji, ji». Así dejó pasar varias semanas, paseando cada noche para oír como los pensamientos de los demás se filtraban dentro de él, hasta que llegó la noche del estreno. Sí, lo tenía claro, había elegido a la voluntaria ideal para dar a conocer su nuevo y asombroso espectáculo.

Acudió al bar a última hora de la noche, cuando todos se habían marchado y solo quedaba la camarera recogiendo los últimos vasos y fregando el suelo.

–Lo siento, pero ya está cerrado.

–Quiero beberme un chato de vino, nada más –dijo Anselmo desde la puerta. La chica únicamente alcanzaba a ver su silueta y a oír su voz cascada; dudó–. Te pagaré el triple, la botella entera si quieres. Será un minuto.

–Bueno –musitó–, pero que no se entere mi jefe.

–Será nuestro secreto –dijo Anselmo, saliendo de la penumbra y entrando con paso lento, teatral. Su capa se agitó con el movimiento. La chica se estremeció al verlo.

El viejo mago se sentó frente a la barra, se subió las mangas de la camisa blanca y se arregló la pajarita roja. La camarera le sirvió el vino y dejó la botella sobre la barra, sin poder apartar sus ojos del singular personaje.

–Me conoces, ¿verdad?

–No, señor… –Lo dijo convencida. Imposible reconocer en ese hombre estrafalario al cincuentón desaliñado que se escondía siempre en la esquina del bar, a beber en soledad.

–Claro que me conoces. –El mago sonrió de oreja a oreja. Solo entonces la chica percibió la sinuosa raya negra dibujada sobre su labio–. Soy el gran Anselmo… creador de sueños. –Le guiñó el ojo, con gesto cómplice.

–No, señor, no tengo el gusto de conocerlo.

–¿No? ¿De verdad que no? ¿Nunca has visto alguno de mis espectáculos? –La chica negó con la cabeza, atónita–. ¡Oh, es una lástima! Pero tiene fácil solución. –Ella no pronunció palabra ni movió músculo alguno–. ¿Quieres que te haga mi truco estrella?

–Yo… no sé, señor… Es tarde… ya… Debería pagarme e irse…, por favor.

–Oh, tranquila, será solo un momento. Tómatelo como una propina, ¿de acuerdo? Y no se lo diremos a tu jefe. –Otra vez el guiño. Su dedo enguantado le tocó la punta de la nariz, como si estuviera hablando a una niña.

La chica salió de detrás de la barra con paso indeciso. Lo mejor sería seguirle el juego a ese viejo demente, no enfadarlo. Estaba sola y fuera la gente dormía; si la cosa se complicaba se las tendría que apañar sin ayuda. Aguantaría el truco de cartas o el maldito juego que ese tarado quisiera hacerle, y podría irse a su casa a dormir. Se puso frente a él, sin poder evitar temblar de miedo.

–Bueno, señorita, ¿cuál es su nombre? –El gran Anselmo se levantó de un salto del taburete y tomó la mano a su atractiva voluntaria.

–Lorena, señor, me llamo… Lorena.

–¡Oh, Lorena! Precioso nombre. Muy bien, Lorena, eres una chica afortunada, esta noche vas a tener el honor de protagonizar mi truco estrella, en riguroso estreno.

El gran Anselmo se giró hacia las mesas vacías e hizo una sobreactuada reverencia, como si agradeciera unos aplausos imaginarios. La chica miró en la misma dirección, con las cejas enarcadas: «¿Este viejo chocho se cree que está actuando en una sala abarrotada o qué?». Imitó la reverencia, moviendo la cabeza nada más, y se sintió estúpida.

–Querida Lorena, lo creas o no, en este mismo instante voy a leer tu mente y haré realidad tu sueño, ¿no es fantástico?

–Bueno…

–Pero relájate, mujer. Toma este papel. –Metió su mano bajo la capa y sacó una cuartilla y unos bolígrafos–. Ahora escribe en él lo que más desees en este momento, ¿de acuerdo? –La chica asintió–. Y yo escribiré ese mismo pensamiento en esta otra hoja, ¿comprendido?

La chica se apoyó sobre la barra y escribió. El gran Anselmo escribió durante varios segundos más, riendo sin parar.

–Muy bien, Lorena, ahora atenta porque me he adentrado en lo más profundo de tu subconsciente y he leído tus más oscuros deseos. Estoy seguro de que te maravillarás al descubrir que conozco tus pensamientos más que tú misma. Bueno, Lorena, enséñale a nuestro querido público lo que has escrito en tu papel.

La chica obedeció con un bufido de cansancio. Primero, mostró el papel a la estancia vacía y, después, lo dejó quieto ante los ojos de Anselmo:

“QUIERO IRME A MI CASA”.

–¡Ohhhh, Lorena! ¿En serio es ese tu verdadero deseo ahora mismo? Creo que te has quedado en la superficie, en lo obvio. Si el truco fuera solo eso, no tendría nada de extraordinario. ¡Atenta, Lorena! Este es tu verdadero deseo y yo, el gran Anselmo, creador de sueños, lo voy a hacer realidad…

“MÁTAME, MÁTAME, MÁTAME, MÁTAME”.

–Ese no es mi sueño –balbuceó la camarera, lívida.

–¿Ah, no? Bueno… quizá sea el mío.

bottle-691599_960_720La risa del gran Anselmo resonó en el bar vacío y Lorena, la camarera, no llegó a coger el pomo de la puerta de salida a tiempo: la botella de vino se estrelló contra su cabeza mucho antes.

L.R.T, una camarera de 32 años, ha aparecido muerta en el bar en el que trabajaba desde hacía seis meses. La joven falleció debido a varias puñaladas producidas por una botella de vino rota. Ni su jefe ni sus familiares dan crédito a lo ocurrido y descartan el crimen pasional.

Nueva víctima. Otra joven camarera aparece asesinada en extrañas circunstancias. La policía asegura que el perfil de la víctima y el modus operandi se repite de manera casi exacta con el de la mujer asesinada en esta misma ciudad, hace un mes. Algunos testigos afirman haber visto a un hombre con capa y chistera en las inmediaciones del lugar. Hasta el momento, la policía no ha encontrado más pistas sobre su identidad o paradero. «Su rastro desaparece como por arte de magia», ha afirmado uno de los agentes.

Ya son tres las mujeres asesinadas en similares circunstancias. Esta vez, el asesinato se ha producido en una nueva ciudad y la alarma se ha disparado en todo el país. La hipótesis de un asesino en serie toma fuerza. «Nunca antes habíamos visto cosa igual. Su técnica es muy depurada, sin duda sabe lo que hace», ha declarado el forense encargado del caso.

“El mago loco” se cobra una nueva víctima. Con esta son ya cuatro las muertes a manos del asesino en serie, conocido como “El mago loco” a raíz de las descripciones facilitadas por los testigos oculares. Sin duda alguna, este enigmático asesino pasará a la historia como uno de los más mediáticos y temidos del país.

El gran Anselmo, creador de sueños, estaba orgulloso de su renacer profesional. La fama, tan añorada, había regresado con más fuerza que antes. Decenas de periódicos hablaban de él, elogiando la perfección de su trabajo: «A que ahora no veis el truco, ¿eh?, ji,ji,ji». Además, tenía que reconocerlo, le gustaba el nombre artístico que sus fans le habían adjudicado, encajaba más con su nuevo show. «¡Qué demonios! Renovarse o morir». El espectáculo estaba levantando tanta expectación que había decidido añadir nuevos destinos a su agenda. Hacía años que no se iba de gira, pero el éxito de los últimos tiempos bien lo merecía.

–El mago loco será conocido en el mundo entero.

Metió su capa y su pajarita dentro, y cerró la maleta.

#Retorelato propuesto por Rebeca M.G.

Palabras: obsoleto, truco y demente

6 comentarios el “El creador de sueños

  1. Chema
    30 de enero de 2013

    ¡Genial! Eres muy buena 🙂

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  2. Fortuna Lago
    31 de enero de 2013

    Excelente, Esther. Cada vez escribes mejor. Además, tiene mucha miga, y bien hilvanada. Felicidades.

    Me gusta

  3. Pingback: Críticas constructivas y dónde encontrarlas | Relatos Magar

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