Relatos Magar

Si eres lector o escritor, este es tu sitio: relatos, reseñas y artículos sobre literatura.

El juego del dolor

Este es el juego del dolor y estas son sus normas:

1-Una vez aceptado el reto, no podrás echarte atrás.

2-No gritarás.

3-No llorarás.

4-No pedirás ayuda.

Solo hay una opción: Jugar y sufrir.

Este es el juego del dolor y estas son sus normas.

–¡Páralo, Asier, páralo!

–El juego del dolor ya ha comenzado y has quebrantado la norma número 2: No gritarás.

El acero afilado se acercaba un poco más en cada vuelta. Pablo, atado al poste, veía aproximarse el filo reluciente y su cara se desencajaba de terror con el silbido que anunciaba la cercanía del corte.

–Por favor, Asier, no quiero seguir jugando…

–El juego del dolor ya ha comenzado y has quebrantado la norma número 1: Una vez aceptado el reto, no podrás echarte atrás.

–Por favor, Asier… Asier… –Su voz trémula se hacía casi ininteligible, las lágrimas ardientes se derramaban de sus ojos desorbitados por el pavor.

–El juego del dolor ya ha comenzado y estás quebrantando la norma número 3: No llorarás.

–Asier, Asier. ¡Páralo, por favor! El mecanismo está mal equilibrado, creo que el cuchillo está demasiado cerca… ¡Tengo miedo, Asier! ¡Ayúdame!

–El juego del dolor ya ha comenzado y has quebrantado la norma número 4: No pedirás ayuda.

–Pues invalida el reto. ¡Penalízame! Pero haz que ese cuchillo deje de girar, ¡por favor! –Cerró los ojos y se dejó ir en un grito casi animal.

–El juego del dolor ya ha comenzado. Solo hay una opción: Jugar y sufrir.

Asier permanecía inmutable, con la mirada fija en el giro del cuchillo que estaba a punto de alcanzar el abdomen de Pablo. Éste seguía chillando desesperado:

–¡Va a matarme, Asier, lo sé! ¡Lo sé! ¡Está demasiado cerca!

–Vuelves a quebrantar la regla número 2: No gritarás…

Los gritos de Pablo se impusieron a las palabras de Asier, que seguía en una postura autómata, tal y como se exigía a los maestros de ceremonia de estas macabras sesiones. No podía dejarse llevar por el peso de la culpa o la condescendencia, si no el juego perdía todo su sentido.

El cuerpo de Asier estaba repleto de cicatrices. Él también había jugado al juego del dolor y había quebrantado las reglas más de una vez, cuando la muerte le había mirado demasiado cerca. Pero el fin nunca llegaba, solo un dolor muy intenso, la sangre –siempre tan escandalosa– en la mayoría de las ocasiones y, quizá, una pérdida de consciencia que anestesiaba los sentidos y dejaba las energías a cero. Después, todo volvía a renacer: la cabeza recobraba las fuerzas a medida que lo hacía el cuerpo y se sentía poderoso, capaz de enfrentarse a todo y a todos. El juego del dolor era una experiencia única, casi mística, que transformaba a los hombres: los hacía dueños de su cuerpo y de sus emociones, aprendiendo a autocontrolar sus debilidades; los hacía más valientes, mejores. Pablo pronto sería consciente de ello y le daría las gracias por no haber detenido el reto.

Por fin, el filo rasgó la camiseta y Pablo se desgañitó en un grito ronco, fruto de una garganta forzada hasta el extremo durante los últimos minutos:

–¡Asier! ¡El corte! Es demasiado profundo, me moriré…

El maestro no se inmutó, seguía quieto, con las manos enlazadas tras la espalda. «Solo dos vueltas más, Pablo, y todo habrá pasado. La espera es lo que más sufrimiento causa…».

La espiral giró dos veces más y se detuvo, con la punta cubierta de sangre, según lo previsto. Asier sonrió satisfecho: los gritos de Pablo habían cesado. Cuando se acercó a quitarle las ataduras, se desplomó en el suelo. Esas eran las partidas más dulces: cuando el jugador se desmayaba la catarsis era mayor, ya que la pérdida de conocimiento mitigaba los recuerdos dolorosos más desagradables; al despertar, el sufrimiento había terminado y la sensación de paz permanecía por mucho tiempo.

Comprobó las constantes vitales y percibió que eran demasiado débiles. Llamó al médico que esperaba en la habitación contigua, según el protocolo. No se alarmó ni al ver el ceño fruncido del doctor tras realizar la misma revisión.

–Este hombre está perdiendo mucha sangre… –Estudió las heridas–. Me parece que los cortes son demasiado profundos. Será mejor que lo llevemos ahora mismo a un hospital.

–Pero el protocolo dice que…

–Me importa una mierda lo que diga el protocolo, ¡este hombre se está muriendo! –La sala empezó a llenarse de gente y tras unas rápidas deliberaciones acordaron llevarlo al hospital de inmediato.

–Al hospital no, eso siempre trae problemas. Muchas preguntas, no entienden nada… ­–Pero nadie escuchó sus advertencias.

Luego, cómo no, vinieron los estúpidos interrogatorios:

alone-62253_960_720–¿Por qué no paraste el juego cuando Pablo te advirtió del mal equilibrado? En las grabaciones se ve cómo te lo repitió varias veces…

–Una vez aceptado el reto, no podrás echarte atrás.

–Pero eso fue una negligencia, Pablo no debía morir. Tan solo iban a ser unos cortes, nada más, pero el mal equilibrado causó su muerte.

–Solo hay una opción: Jugar y sufrir.

Asier dio mil veces sus razones, sin embargo, ya hacía mucho que sus compañeros (y el resto de personas que se entrometieron después) habían dejado de hacerle las preguntas. A él no le importaba, seguía recitando las normas del juego del dolor  como si de un mantra se tratara, cada vez más alto y más deprisa, en un intento de acallar los gritos de Pablo que aún resonaban dentro de su mente:

Este es el juego del dolor y estas son sus normas:

1-Una vez aceptado el reto, no podrás echarte atrás.

2-No gritarás.

3-No llorarás.

4-No pedirás ayuda.

Solo hay una opción: Jugar y sufrir.

Este es el juego del dolor y estas son sus normas.

Pero las paredes blancas y acolchadas que le rodeaban nunca silenciaron el ruido de su cabeza.

#Retorelato propuesto por ismaelmanjon

 Palabras: energía, juego, peso y dolor

4 comentarios el “El juego del dolor

  1. Fortuna Lago
    10 de enero de 2013

    Uf… los pelo de punta, tengo. Bien conseguido, lo de conmover emocionalmente al lector 😉

    Me gusta

    • Relatos Magar
      10 de enero de 2013

      ¡Muchas gracias! Es un reto difícil lo de conmover al lector así que es muy gratificante saber que se ha conseguido.

      PD: Borré uno de tus comentarios porque salió duplicado

      Me gusta

  2. Ismael
    10 de enero de 2013

    No me esperaba un relato de este tipo tras decir las palabras que ayudaron a encontrar la inspiración para un nuevo relato, un relato muy conseguido y nuevo. Me alegra haber servido de ayuda, a ver si más gente se anima a comentar, dar ideas y hacer crecer esta web 🙂

    Me gusta

    • Relatos Magar
      10 de enero de 2013

      ¡Gracias! Si la gente no se anima tendrás que seguir siendo mi conejillo de indias, así que prepárate 😉

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Follow Relatos Magar on WordPress.com

Únete a otros 241 seguidores

Aviso legal

Todos los derechos reservados en virtud de lo dispuesto en los artículos 8 y 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual.

Estadísticas del blog

  • 71,887 hits
A %d blogueros les gusta esto: