Relatos Magar

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La última reunión

El primer invitado llegó antes de tiempo, como siempre. Se presentó en mitad de la noche y, decidido a quedarse pese a las protestas, no dejó pegar ojo al señor Mira, el anfitrión de aquel encuentro. El invitado, cubierto por una espesa capa de polvo, anduvo por la habitación, pues nunca se cansaba de dar vueltas, y el señor Mira lo contemplaba abstraído, reconociendo en él retazos de unos tiempos casi olvidados. A cada paso que daba, se oía el repiqueteo de unas canicas dentro de su bolsillo izquierdo; en el derecho, una peonza enrollada en su hilo se dibujaba tras la tela. Olía a galletas recién horneadas, como aquellas que cocinaba su madre cada domingo, después de misa. Su voz era grave y con ese deje autoritario, tan propio de su jefe, que daba el carácter de sentencia a cada frase. Su mirada era risueña como la de Malena, su primer y último amor. Todo él era una miscelánea sin sentido. Con su deambular dejaba tras de sí una estela grisácea, por lo que estaba cada vez más radiante. Al señor Mira no le pasó desapercibido que eran sus ojos los que actuaban como plumero.

A la mañana siguiente, el viejo señor Mira amaneció con profundas ojeras, causadas por el desvelo, mientras que su omnipresente invitado estaba rejuvenecido. El señor Mira se sentó en su butaca, a la espera de que llegara la hora de la ansiada reunión y su segundo invitado, tan misterioso y esquivo, hiciera acto de presencia. Sus dedos repiqueteaban en los reposabrazos, aunque su semblante aparentaba resignación.

–No sé por qué lo sigues invitando. Sabes que le gusta llegar por sorpresa, cuando menos te lo esperas. Durante estos ochenta años que nos conocemos, nunca ha acudido a tu llamada.

–Esta vez vendrá.

–Pobre iluso, ¿qué te hace pensar que hoy será diferente?

–Que ha sido él quien nos convocó.

Al invitado no le dio tiempo de estremecerse porque en ese instante llamaron a la puerta. El señor Mira, sabedor de lo que se iba a encontrar, se levantó con parsimonia y, tras un profundo suspiro, se dirigió hacia la entrada.

Allí estaba. En esta ocasión no traía consigo sorpresa alguna. Su apocalíptico rostro, aun siendo nuevo, resultaba predecible. No hizo falta que diera explicaciones para que todos supieran que ese sería el último encuentro.

–Es extraño: sabía que ibas a llegar, pero todavía no estoy preparado para recibirte –dijo el señor Mira.

–Esa es mi vida: siempre soy esperado, pero pocas veces bien recibido. Es difícil agradar cuando ponen tantas expectativas en uno –contestó el recién llegado. Al ver que el anciano estaba a punto de desmoronarse, añadió con una sonrisa forzada–: Tampoco es fácil para mí.

–Disculpa, creo que nunca habíamos coincidido –dijo el primer invitado, tendiéndole la mano–: soy Pasado.

–Imagino que ya sabes que yo soy Futuro. Es un placer verte por fin, aunque para mí seas un viejo conocido. Al fin y al cabo, cada día que pasa me parezco más a ti.

Pasado torció el gesto:

–Perdona que yo no me alegre, esto me pilla desprevenido. Me hubiera gustado saber con más tiempo que esta sería la última reunión. Hubiera aprovechado mejor el tiempo.

–Bueno, no te quejes, eres el que mejor parado saldrá de esto…

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El señor Mira no pudo resistir más tiempo en pie. Se llevó la mano al pecho y sus ojos se desencajaron. Poco le importaban ya las discusiones de Pasado y Futuro. Estaba cansado de estar en medio y oír cómo uno se quejaba del otro constantemente. Ahora todo había acabado. Se agarró a Futuro y este se derrumbó con él.

Pasado, reacio a terminar así, retrocedió, mirando a los lados con ansiedad. De repente, se convirtió en un súper torbellino y voló por la estancia, impregnándolo todo con su esencia: las fotos del mueble; los manoseados libros de la estantería, repletos de anotaciones; la vieja butaca del salón… Cuando ya no le quedó objeto por tocar, se escabulló por la ventana, en busca de algún corazón donde refugiarse.

Presente Mira y Futuro, que yacían en el umbral de la puerta un momento antes, se habían desvanecido.

#Retorelato propuesto por Antonio M.G.

Palabras: apocalíptico, olvidado, súper.

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