Relatos Magar

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Un lugar llamado vida

Es extraño, hasta ayer me sentía plena: mi existencia era apacible y no conocía lo que eran los problemas, mis necesidades estaban cubiertas sin apenas esfuerzo y convivía en armonía con el universo. Sin embargo, hoy es distinto, hay algo dentro de mí que me inquieta y me empuja a avanzar. De repente, todo lo que me rodea me parece un agujero que me asfixia y necesito salir. Algo me dice que ahí fuera hay un mundo esperándome. El ansia me invade y ya no puedo permanecer quieta. ¡Abran paso que allá voy! Me tiro de cabeza a la aventura, sin pensar en las consecuencias. Necesito expandir mis horizontes, ¡no hay marcha atrás! Pero nadie dijo que el camino fuera fácil, y no lo es, doy fe. Si me quejaba de que mi anterior residencia era un agujero asfixiante, no les quiero ni contar lo que me parece la ruta que he tomado para escapar. Si no fuera porque mi instinto me incita a continuar, me hubiera dado por vencida. Mi cansancio es extremo y no veo luz al final de este túnel. ¡Con lo bien que estaba tumbada a la bartola, flotando en el agua! ¿Quién me mandaría a mí conocer nuevos lares? Pero la inercia no me da tregua y me aboca hacia delante. Ya no puedo parar.

Cuando las fuerzas me empiezan a fallar y estoy al borde de la extenuación, una luz ilumina la salida. ¡El final no está tan lejos! Unas voces me animan desde el otro lado:

–Venga, ya falta poco, ¡un último esfuerzo!

Yo me vengo arriba y tiro para adelante con todas las ganas. ¡Ya voy, ya voy! ¡Hago todo lo que puedo! De la nada aparecen unas manos que me sujetan la cabeza y me ayudan en el último tramo. No han sido las formas más apropiadas, pero agradezco la ayuda.

¡Por fin veo la luz! Nunca hubiera imaginado que el otro lado fuera un lugar tan enorme, me siento abrumada y una inmensa tristeza me invade. No consigo abstraerme de mi congoja a pesar del barullo que hay a mi alrededor, y comienzo a llorar desconsoladamente. Siento que nos conozcamos así, en serio. Es la primera vez que me pasa, lo juro. Hasta ayer yo era una persona muy serena.  Será que me emocionado con este recibimiento.

De pronto, escucho esa voz:

–Es preciosa.

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¡Yo te conozco! Hemos hablado muchas veces. Bueno, hablabas tú, yo es que no le he pillado aún el truco, pero contestaba con patadas a lo que me decías y sé que nos entendíamos. Debes de ser mamá, ya tenía ganas de verte la cara.

El berrinche se me pasa de golpe cuando me ponen en sus brazos. Es un sitio agradable este, casi tanto como tu barriga, he de decirte. Le noto tan exhausta como yo y eso me reconforta. ¡Menudo día, eh! Le cojo del dedo que me ofrece, mi manita no da para más, y una sonrisa ilumina su cara. Verle tan feliz me compensa el arduo camino que he recorrido hasta encontrarnos. Creo que si me acompañas en este mundo, esto a lo que llaman vida merecerá la pena.

#Retorelato propuesto por Tania G. D.

Palabras: sonrisa, cansancio y vida.

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