¿Sabías que la palabra más expresiva no tiene por qué ser la mejor opción?
¿Sabías que poner la palabra exacta puede ser un error garrafal?
Y es que escoger la palabra adecuada no solo depende de lo que queremos decir, sino del momento en que lo decimos.
Te voy a poner un ejemplo:
Aquellas palabras taladraban la conciencia de Isabel la Católica.
Hay algo que no cuadra en esa frase, ¿detectas qué es?
Te lo explico: hay un anacronismo.
El anacronismo es un error que se puede cometer en todos los géneros literarios, pero sobre todo en la novela histórica. Se trata de situar a una persona, cosa o hecho en un período de tiempo que no le corresponde.
Si nuestra protagonista es Isabel la Católica, está claro que la historia transcurre en el siglo XV. Por tanto, el verbo taladrar está fuera de lugar. ¡Los taladros se inventaron en 1851! Cualquier palabra derivada de este término es posterior a esa fecha.
Otro ejemplo:
Aquella mañana de 1902 amaneció nublada. Dolores se puso una rebeca para entrar en calor.
¿Has cazado el anacronismo? Hoy en día, usamos la palabra rebeca para hablar de las chaquetas de punto, pero ese término se popularizó a raíz de la película de Alfred Hitchcock, ya que la protagonista solía vestir con esa prenda. Por tanto, en 1902 se usaría el término chaqueta, nunca rebeca.
Estamos tan habituados a esas palabras que es normal que ni se nos ocurra que no son apropiadas para el momento histórico en el que transcurre nuestra historia o para los conocimientos que tienen nuestros personajes.
Una de las misiones de la corrección de estilo es ayudarte a detectar los anacronismos. Pero, ojo, la obligación de documentarte es tuya.
Tipos de anacronismos
Paracronismo
Este tipo de anacronismo suele ser voluntario: aunque algo o alguien esté fuera de lugar, no es totalmente imposible que exista, solo resulta llamativo, y es precisamente eso lo que nos interesa.
Por ejemplo, para que un personaje resulte extravagante, puede tener apariencia decimonónica: lleva bombín y monóculo y fuma en pipa.
Procronismo
En el lado opuesto está el procronismo. Se da cuando la aparición de un objeto o idea resulta imposible en un determinado contexto porque directamente aún no se había inventado, como en los primeros ejemplos que he dado en este artículo o en la imagen que aparece en la cabecera, una revisión* de La joven de la perla, pintada por del pintor neerlandés Johannes Vermeer en el siglo XVII, donde la modelo aparece con una cámara fotográfica.
*Atribución: Mitchell Grafton , CC BY-SA 3.0, vía Wikimedia Commons
También se consideraría procronismo si situáramos a un personaje histórico fuera de su época.
Anacronismo cultural o conductual
Este tipo de anacronismo consiste en actos y normas sociales que atribuimos erróneamente a una cultura. Es fácil caer en este error porque a veces damos por hecho que en otros países viven igual que nosotros.
Una de las novelas que he corregido transcurría en Estados Unidos y el personaje subía las persianas. Y sí, en Estados Unidos existen las persianas enrollables tan típicas en España, pero son la excepción, no la norma, por lo que lo más adecuado para la historia era describir cortinas o persianas verticales, más comunes allí, sobre todo porque parte de la trama era el choque cultural del protagonista español recién llegado a Estados Unidos.
Otra de las novelas que he corregido transcurría en Rusia y a menudo los personajes invitaban a café, algo de lo más normal en España, pero más raro en Rusia, donde lo habitual es tomar té. Por tanto, resultaba más creíble retocar la bebida.
Es cierto que a muchos lectores les pasarán desapercibidos estos detalles, pero cuidarlos contribuye a la ambientación y a no romper la suspensión de incredulidad.
Anacronismo en la ciencia ficción
También se pueden cometer anacronismos en el futuro, sobre todo porque las películas y libros envejecen y tarde o temprano se llega al momento que parecía muy lejano. Es uno de los riesgos que se asumen al escribir ciencia ficción.
Regreso al futuro 2 es un buen ejemplo de eso. 2015 se pareció poco a lo que Robert Zemeckis plasmó en su película.
A la caza del anacronismo
Hace unos años, el Born Centre Cultura otorgaba el Premi Borni al mejor anacronismo en literatura histórica.
La primera edición, que se celebró en 2014, ganó el anacronismo detectado en Un paseo por la sombra, de Doris Lessing. En la obra, Lessing relata su viaje por España en la década de los 50. Al pasar por Valencia, tuvo un pequeño accidente y acudió a un hospital. Escribió esto:
… dos médicos se comunicaban en latín, demostrando que el latín no es, ni de lejos, una lengua muerta.
Queda claro que Lessing no conocía la existencia del valenciano.
En la tercera edición, se premió a quien había hallado varios anacronismos en La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón. Citaba los caramelos Sugus años antes de que se comercializaran en España y la parada de metro del Hospital Clínic, que en esa época aún no se había inaugurado. Y hablaba de la avenida de la Catedral, aunque en 1936 todavía era una maraña de calles.
Está claro que estos errores no quitan valor a las obras, pero también que, de haberlos detectado a tiempo, tenían fácil solución.
¿Cuándo usar los anacronismos?
Los anacronismos a veces son intencionales y pueden servir para caracterizar a un personaje, para añadir una escena de humor o para satirizar o criticar.
Un ejemplo muy conocido es Un yanqui en la corte del rey Arturo, donde Mark Twain usa los anacronismos para abordar los problemas de la monarquía y el feudalismo desde una perspectiva humorística.
Los autores que se toman esas licencias por necesidades de la trama suelen excusarse en los apartados iniciales o finales de sus obras. Pero, si alardean de rigor histórico y luego caen en anacronismos, los lectores más atentos no tardarán en poner de relieve ese tipo de errores.
Así que juega con los anacronismo cuando te sirvan para transmitir lo que pretendes, avisa cuando no te haya quedado más remedio que cometerlos pero no quieras que resten rigor al resto de la documentación histórica.
Y, si no quieres caer en ellos, ve con pies de plomo y comprueba los datos de los que no tengas una certeza absoluta.
Si quieres que te ayude a localizar los anacronismos de tu novela, contacta conmigo clicando en el cajetín de abajo para saber más sobre la corrección de estilo.





No Comments
Responsable: Esther Mateos • Finalidad: gestionar los comentarios • Legitimación: tu consentimiento • Destinatarios: los datos que me facilitas estarán ubicados en los servidores de Webempresa (proveedor de hosting de relatosmagar.com) fuera de la UE. Ver política de privacidad de Webempresa • Derechos: podrás ejercer tus derechos de acceder, rectificar, limitar y suprimir tus datos, entre otros derechos • Información adicional: Aviso legal y política de privacidad