Cómo documentarse para escribir una novela

Te voy a confesar uno de mis pecadillos de escritora: odio documentarme. Aunque admiro las novelas bien documentadas, a mí me aburre esa tarea, por eso sé que nunca escribiré una novela histórica. No obstante, es un paso ineludible en cualquier género. No te creas que por escribir fantasía te vas a librar de ello.

Como a mí no me gusta nada, me sorprende cuando algunos autores pasan más tiempo documentándose que escribiendo. Lo malo es cuando descubren tanta información interesante que la meten toda en su novela y de cualquier manera. Eso es un error. Como dice Rosa Montero:

La documentación puede ser un peso inerte y matar a la ficción.

Es igual de importante saber cómo documentarse para escribir una novela que dosificar la información a lo largo de la historia. Y alguien que lo hace excepcionalmente bien es Luis Castañeda en Cuando venga el rey. Por eso, lo he invitado a mi blog para que hable de cómo se documentó para su primera novela, una ficción histórica con un toque de realismo mágico que a mí me enamoró.

MI FORMA DE ESCRIBIR FICCIÓN HISTÓRICA

¡LLÉVENLE PALOMAS AL REY!

por Luis Castañeda

cómo documentarse para escribir una novela Luis Castañeda

DE CÓMO UN SENTIMIENTO TE LLEVA A ESCRIBIR UNA NOVELA

Los escritores de libros de ficción histórica no somos historiadores. La mayoría, al menos. Ni nos gusta cualquier episodio o guerra o incidentes que se detallan en los textos. Por supuesto, los hechos pasados te hacen vibrar más cuanto más te atañen, a ti o a tu entorno.

Por ejemplo, si vives en una isla los hechos relativos a la emigración, a las invasiones, a los períodos de penurias y superación, te interesan con seguridad. Ya no digamos cuando aparece en prensa, en un suelto del tipo «tal día como hoy», la fotografía de un furioso volcán o ese cuento viejo de las plagas de langostas hambrientas o de piratas asesinos, bereberes o normandos.

Pero, en general, todos esos sucesos no provocan en tu espíritu algo más profundo que la sorpresa o la admiración. ¿Qué es, entonces, lo que te lleva a inventar una ficción sobre los hechos reales, a tramar una historia sobre la historia que contenga, sí, la realidad según fue recogida, pero que la trascienda, la envuelva, y te devuelva la historia misma, pero mejor contada?

Un sentimiento.

Ese es el disparador. Una emoción, un pálpito telúrico que recorre los años hasta alcanzarte, sabe Dios por qué a ti, y rendirte a la evidencia más patente: que todos, antes y ahora, somos humanos y, por tanto, somos parte de la misma historia. Esto nos permite entenderla, vivirla. Nos autoriza para volver a contarla.

El sentimiento originario surge de una imagen. De una escena más bien, aunque a veces surge de una fotografía. Aparece de un diálogo entre desconocidos al que uno presta atención o de un cuento que un anciano narra mientras sus ojos turbios viajan al pasado. Hay que estar atento, con los sentimientos a flor de piel, porque las historias están ahí.

CÓMO ME DOCUMENTÉ PARA ESCRIBIR CUANDO VENGA EL REY

Para escribir Cuando venga el Rey, estuve un año concentrado en un sentimiento que me estremeció la primera vez que leí aquel suceso, y al que volvía cuando sentía que perdía la conexión con lo que quería decir.

En una mañana tormentosa, en la bahía de la minúscula ciudad, el yate real Giralda y los demás cañoneros que lo acompañaban se bamboleaban con el oleaje mientras los ilustres pasajeros hacían tiempo para un desembarco seguro. El joven monarca, a poco de cumplir veinte años, se aburría a bordo y mandó que le trajeran palomas para practicar el tiro al pichón, uno de sus pasatiempos favoritos. En tierra, la comitiva de recepción se refugiaba bajo el artístico templete construido para el recibimiento, y las gentes, que habían acudido por centenares, capeaban el temporal como podían.

Cómo documentarse para una novela

Recibido el deseo real, corrieron a buscar al encargado del Club Colombófilo y, en media hora, habían dispuesto dos jaulas repletas de palomas viejas. En la siguiente hora, solo los disparos estruendosos de los cañonazos a bocajarro reventaban el silencio de la ensenada, y sobresaltaban al populacho, cobijado y en silencio bajo el repicar pausado de la lluvia. En el mar, junto al yate, dos barcas repletas de muchachos iban recogiendo los pichones fulminados para mostrarlos en alto como trofeos.

Ahí está. Ese es el sentimiento, la punción que guía y da  tono al escrito. La verdadera historia humana escondida tras lo que escribieron los periodistas aquel día. El hilo del que tirar. Porque, una vez estás viviendo allí, necesitas empaparte de todos los datos posibles. Y sí, documentarte, hablar con historiadores, leer ensayos o libros, consultar la prensa de la época. Pero, insisto, no como historiadores; no hace falta aprender los hechos, sino empaparte para darle sentido a tu historia.

Prensa de la época

Para mí, quizá por mi formación, lo primero es investigar en la prensa de la época. Rastreas informaciones, anuncios y crónicas en varias cabeceras y desde varios meses antes del suceso. Hay que tener paciencia y disfrutar del proceso. Coges notas, rellenas cuadernos, alimentas el pozo. Luego sacas de la biblioteca investigaciones históricas recogidas en libros o revistas. De la red puedes descargar aportaciones valiosas. Y vas acumulando.

Consultar a profesores e investigadores

Ahora llega una de las partes más importantes, porque necesitas recrear la época acudiendo a elementos que no suelen aparecer en los libros, como vestimenta, alimentación, idiosincrasia, clases sociales, labores y trabajos, usos y costumbres, actos festivo-lúdicos de los distintos estamentos, formas de hablar. La economía y la política suelen ser los campos que arrastran a los demás. Si tienes oportunidad, es idóneo entablar conversación con profesores o investigadores. Recuerda que no solo buscamos información sobre el hecho en sí, sino sobre todo lo que lo rodea. Por ejemplo, investigando ese principio de siglo descubrí una apasionante historia sobre la masonería que, seguro, aprovecharé en otra ocasión. Y siempre te topas con personajes que rodean la escena y son los que le dan cuerpo.

Personajes reales que aparecen en Cuando venga el rey

En mi búsqueda, encontré por ejemplo la figura del ilustre doctor Elías Santos Abreu, un genio, paradigma de hombre brillante y trabajador, que lo mismo montaba un laboratorio de análisis clínicos por la mañana que componía la música de una danza coreada por la tarde. Un adelantado a su tiempo, al que dedicaron una calle y celebraron con júbilo su recuerdo con una placa en la capital.

O la figura de Miguel Brito, un visionario que supo ver el futuro en los chisporroteantes adelantos técnicos de fin de siglo; el fotógrafo innovador y su gabinete con claraboyas, el cineasta que proyectó, ante el pasmo de las gentes, las películas de los Lumière sobre una sábana extendida sobre una fachada al otro lado de la calle. Su estudio fotográfico aún existe, aunque abandonado. Dediqué un mes a investigar las técnicas y los métodos de los inicios de la fotografía.

Cómo documentarse para escribir una novela Cuando venga el rey MIGUEL BRITO

Somos novelistas y, al final, contamos un cuento. No hace falta que sea real, sino verosímil.

Lo importante es que el texto palpite de vida.

Por tanto, lo importante es el sentimiento.

CUANDO VENGA EL REY
Una historia de amor y muerte en una isla a la deriva

Contexto histórico

En la primavera de 1906, el joven monarca Alfonso XII decide emprender un viaje de reconocimiento para asegurase de la verdadera lealtad de las últimas islas de un imperio que se descomponía. Para los habitantes de aquella vieja ciudad, que en otro tiempo había sido el centro del mundo pero ahora languidecía en el olvido, el anuncio de la visita real suponía un revulsivo sin precedentes, una mano tendida por la providencia para evitar desaparecer mar adentro.

El mismo alcalde lo dijo: «Será el evento más importante para nosotros desde que entramos a formar parte de la historia de los pueblos cultos». Con apenas unos meses por delante, prepararon el encuentro con esmero e ingenio. Acostumbrados como estaban a engañar las penurias con artificios infantiles, levantaron a modo de tramoya arcos triunfales, templetes artísticos, arañas colgantes y guirnaldas florales; limpiaron los barrancos hediondos, taponaron con vegetales los socavones de la calle principal y organizaron espectáculos de bienvenida, incluidos una riña de gallos y una recepción en la casa del marqués, el mejor edificio de la ciudad.

Pero entonces apareció el muerto.

Lo encontraron flotando de medio lado en la bahía, dándose cabezazos contra la escalinata que habían construido para el desembarco, junto a la grúa Titán, en mitad del minúsculo pantalán. Hubo gran alboroto y consternación porque se trataba del doctor Mauricio Santos Abreu, una eminencia y persona bien querida. Y porque había sido asesinado, sin duda; no había más que fijarse en la tremenda cuchillada que le abría las carnes en una herida por donde emergían las tripas, que ondulaban como algas grises.

Aquello no pintaba nada bien. No eran buenos augurios.

El alcalde, Federico Abreu Brito, el hombre más flaco que se pueda imaginar, pero de gran nervio, pareció desesperar: «No le parece a usted que el horizonte está hoy más lejos?», le dije en un aparte al médico Van Baumberghen, compañero y ayudante del finado.

Seguían a la deriva. Y luego estaban los otros sucesos, que confabulaban para estallar al unísono: la ausencia de los alisios provocada por la falta de veneración a la Virgen, la aparición de apestosos monstruos marinos, el padecimiento de la ciudad que se removía y crujía a cada poco en temblores y volcanes y, por último, el surgimiento, así, de un día para otro, de aquel nubarrón negro que amenazaba con descargar una tormenta bíblica.

Pero la visita real era inminente. Las cartas estaban echadas.

Estos fueron los hechos verdaderos, los que se plasmaron en los libros.

Lo que no cuentan los libros de historia

Esta novela cuenta lo que nunca se escribió: la vida del doctor Mauricio Santos Abreu, una eminencia, experto entomólogo, que descubrió la penicilina en el verdín de un queso de cabra treinta años antes que el famoso químico francés y se casó con Carolina Van de Walle, una marquesa que, de joven, había estado a punto de fugarse con Dionisio O’Daly, detenido y obligado al exilio por el padre de Carolina, un coronel retirado.

Cuenta las andanzas de este Dionisio, de conflictiva familia irlandesa,un muchacho de corazón exaltado que no aceptaba las diferencias sociales, y fue a perder la cabeza por la bella Carolina, a quien escribía cartas de amor desesperadas y dedicaba sus conciertos de órgano en la iglesia de El Salvador.

Era amigo íntimo de Antonio Brito, fotógrafo, hijo de comerciante, pendenciero y donjuán, pero visionario, que veía un mundo venidero de imágenes en movimiento, y que montó el primer estudio fotográfico de la isla y, luego, el primer cinematógrafo. La historia de Antonio que, años más tarde, con su amigo en las Antillas, se enamoró sin remedio de la marquesa, con quien se veía en secreto, cuando esta ya era esposa del doctor.

Cuenta la historia de Rosarito, hermana de Antonio, que bebía los vientos por el pelirrojo irlandés, con quien descubrió el olor profundo de un hombre entre los efluvios de los líquidos fotográficos, y la de Aparicia, la joven salvaje que habían puesto al servicio de la casa del doctor, en pago por aquella operación que había devuelto la vista a su padre, allá en el norte de la isla, pero que pagaba en realidad con el sometimiento a los abusos del médico.

Y es, al fin, la historia de una época de cambios e incertidumbre, y de una isla que no puede escapar a su pasado ni a su designio y que navega sin rumbo. A la deriva. A la espera de que, al fin, venga el rey.

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¿Por qué hay que leer Cuando venga el rey?

Cuando venga el rey es un buen ejemplo de cómo integrar la documentación en la novela. Si te gusta el realismo mágico tanto como a mí, no te la pierdas. Si disfrutas con las historias de amores imposibles, tampoco. Y si encima eres de Canarias, es de lectura obligatoria, retrata el costumbrismo de la época con una prosa exquisita. Te aseguro que la primera novela  de Luis Castañeda no decepciona.

 

Y a ti, ¿te gusta la fase de documentación?

Cuéntamelo en los comentarios.

 

 


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Comments

  1. ¡Me ha encantado el post! Muchas gracias por compartir tu método, tomo nota de todo. Tienes una nueva una fan y una lectora 🙂

    • Esther Magar dice:

      El método es de Luis Castañeda, así que supongo que tus palabras van dirigidas a él. 😉
      Me alegra que te haya resultado útil.

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