10 maneras de cabrear a tu correctora y un decálogo de buenas prácticas

Me encanta mi trabajo. En serio, me siento realizada cuando ayudo a los escritores a pulir sus obras para que lleguen con la mayor calidad posible a los lectores. En general, tengo mucha suerte con mis clientes, son personas con ganas de aprender y que confían en mí. Pero, como en cualquier oficio, también me he cruzado con algunos que no conocen las normas básicas para solicitar servicios de corrección o que no paran de ponerme trabas cuando reviso sus obras.

Por la salud mental de mi compañeras y compañeros correctores, he creado dos decálogos: uno con las buenas prácticas, en el que me centro en cómo mandar un manuscrito y en cómo comportarse durante la corrección; en el segundo, en cambio, abordo esas malas prácticas y faltas de respeto que cabrean a cualquier profesional.

Además de basarme en mis experiencias (y traumas), he preguntado a varias amigas correctoras, y este ha sido el resultado.

Cómo mandar un manuscrito

 

CÓMO CONTACTAR

Buena práctica 1: Pedir una prueba de corrección

Elegir quién corregirá tu obra no es fácil, y menos cuando es la primera vez y no sabes reconocer a un buen profesional. La mejor manera de decidirte es pedir una prueba de corrección. La mayoría de los correctores la ofrecemos gratis. Basta con que revisemos unas quinientas o seiscientas palabras para que compares cómo trabajamos cada uno y veas cuál se ajusta más a tus necesidades. De este modo, también compruebas por qué, a veces, hay un abismo entre los precios. Por regla general, un mayor presupuesto va unido a una revisión más exhaustiva.

Mala práctica 1: No dar las gracias por la prueba de corrección

Elijas a quien elijas, solo te pido un favor: da las gracias a todos los que hicieron la prueba de corrección. Te han dedicado su tiempo, seguramente han pausado una corrección de otro cliente para revisar tu texto, así que deberías tener esa deferencia. No es obligatorio que expliques por qué lo has descartado, aunque si eso puede ayudarlo a mejorar, siempre será bienvenido.

Buena práctica 2: Elegir al corrector por su valía

Si comparas varias correcciones, lo lógico es que elijas a quien haya corregido mejor. O, al menos, a quien te ofrezca mejor calidad-precio, si te ha gustado la forma de trabajar de más de uno. No dejes tu obra en manos de cualquiera, sino en las de alguien que vaya a fijarse hasta en el más mínimo detalle para que quede perfecta.

Mala práctica 2: Elegir al corrector más barato

Más de una vez me han dicho que les ha encantado mi prueba de corrección, pero que han elegido a otro más económico. Bien, lo acepto, por supuesto. Pero reconozco que me sabe mal, y ya no solo por mí y por el resto de los profesionales que nos ajustamos a unas tarifas mínimas para poner en valor nuestro trabajo, sino por cómo quedará ese futuro libro. Cruzo los dedos para que ese corrector, a pesar de ser barato, sea bueno. He visto demasiadas correcciones low cost que ni son correcciones ni son nada. Los escritores inexpertos se creen que están ahorrando, pero, en realidad, tiran el dinero.

También es una mala costumbre regatear el presupuesto. Hay quienes pretenden que dediquemos un mes a su obra y hagamos una corrección impecable, pero que cobremos por ello doscientos euros. Bienvenida, esclavitud. La corrección de textos exige conocimientos específicos, concentración extrema y muchas, muchísimas horas de trabajo. Antes de regatear, ponte en nuestra piel, por favor. ¿Cómo te tomarías tú que te pidieran que trabajases a jornada completa por un tercio de tu salario?

Buena práctica 3: Aportar la información necesaria

Cuando solicitas una corrección, lo normal es que te presentes y expliques qué tipo de texto es y qué deseas hacer con él: ¿autopublicar?, ¿mandar a premios o, quizá, a editoriales? Parece obvio, pero ni te imaginas las veces que envían correos sin decir su nombre o sin concretar nada, por lo que es imposible saber qué esperan de nosotros.

Cualquier corrector profesional necesita el número de matrices para calcular el presupuesto y el tiempo que requerirá el trabajo. ¿Qué son las matrices? El número de caracteres con espacios incluidos. Ese es el dato más objetivo para saber la extensión del documento, ya que el número de páginas puede variar de manera significativa según el interlineado, los márgenes, el tipo o tamaño de letra, etcétera.

También es frecuente que te pida una muestra, tanto para ver el nivel de intervención que requiere el texto como para hacer la prueba gratuita de la que te hablaba en el apartado número uno.

Mala práctica 3: Aportar la información que te da la gana

No todos los autores saben que tienen que dar el número de matrices, por lo que los correctores se lo solicitamos en el primer correo de respuesta. Yo suelo aprovechar ese contacto inicial para explicar que trabajo en Word y con el control de cambios activado.

Sé que hay compañeras que escriben «número de caracteres CON espacios incluidos» (así, con mayúsculas y negrita), y que reciben el número de caracteres sin espacios, el número de palabras o el número de páginas. En serio, hay escritores que nos hacen dudar de su comprensión lectora. Si piensas dedicarte a escribir, al menos, párate a leer.

Pero eso no es lo peor: más de uno manda la muestra (¡o la novela entera!) en PDF. A ver, alma de cántaro, si te he dicho que trabajo en Word, ¿por qué me lo mandas en PDF? Mi trabajo es tocar el texto, si no me das facilidades, mal empezamos.

Una corrección de estilo jamás se hace en PDF, o tu corrector morirá por colapso. En cambio, es habitual hacer la última revisión así, cuando, además de detectar los errores ortotipográficos que hayan sobrevivido a todas las correcciones previas, se señalan los fallos de maqueta. Para saber qué formato necesita el corrector en cada fase, solo tienes que seguir sus indicaciones o preguntarle cuando te quede alguna duda.

Buena práctica 4: Solicitar los servicios con meses de antelación

Cada corrección lleva su tiempo, por eso los correctores solemos tener lista de espera. Te recomiendo que empieces a buscar corrector con meses de antelación. Así, podréis establecer plazos que se adecuen a las necesidades de ambos. El corrector podrá reservar los días que estime oportunos para trabajar cómodamente en tu obra y tú podrás publicar en el mes que quieres o hacer que las revisiones de la corrección coincidan con tus días de descanso para hacerlas con calma.

Mala práctica 4: Pedir hueco a última hora y meter prisa

Hay clientes que no entienden que tengan que esperar dos meses para que los atendamos y empiezan a presionar para que los colemos. Pero lo peor es cuando quieren corregir todo, estilo, ortotipografía y galeradas, a contrarreloj para publicar en menos de un mes. Las prisas nunca son buenas, y menos en trabajos como este, en los que hay que revisar CADA CARÁCTER del texto. Tú eliges: rápido o bien. Yo lo tengo claro: si no dispongo de tiempo suficiente para hacerlo bien, no acepto el trabajo.

Mala práctica 4. 1.: Dejar tirado al corrector

El colmo de las malas prácticas no es meter prisa, no. Si quieres ganarte el odio de un corrector para toda la vida, lo que tienes que hacer es pedirle que te apunte en su lista de espera y, cuando llegue tu turno, dejarlo tirado.

errores al mandar manuscrito

Corrector pensando en denunciar a un cliente por daños y perjuicios.

Quizá tú no le des mayor importancia: te ha surgido un contratiempo, te has arrepentido a última hora o al final has contratado a otro que no te hacía esperar. Pero el primer corrector te ha apuntado en ese hueco y ha rechazado otros trabajos porque iba a corregir tu novela. Si, de repente, tú no apareces, se queda con varias semanas en blanco, a no ser que consiga que otros clientes le manden sus obras antes de lo acordado.

La mayoría de los que nos dedicamos a este oficio somos autónomos, y la cuota mensual no perdona, aunque ingresemos la mitad de lo previsto. Por favor, ponte siempre en el lugar del otro y actúa en consecuencia. Si no vas a enviarle tu novela, basta con que avises con tiempo para que tenga margen de maniobra y reorganice su agenda.

En esta misma línea están los que solo hacen la primera revisión, pero no lo mandan para la segunda. Probablemente, se creen muy listos: ya lo tienen corregido, y por la mitad de precio. Error: con una sola vuelta es imposible que quede perfecto, aparte de que hay aspectos que no revisamos hasta la segunda revisión. El escritor se queda con un trabajo a medias y el corrector, de nuevo, con unos días en blanco.

CÓMO MANDAR UN MANUSCRITO

Buena práctica 5: Mandar la versión «final» de tu novela

Muchos escritores noveles me preguntan si, antes de mandarme la novela, es mejor que se la pasen a sus lectores cero. Y mi respuesta es sí. El manuscrito que envíes a corregir tiene que ser la versión final, esa que tú mismo has revisado decenas de veces, que has pasado a lectores cero e, incluso, a algún lector profesional. Una vez apliques las sugerencias que estimes oportunas, lo envías a corrección. Y, seguramente, te lleves las manos a la cabeza al comprobar que aún queda bastante trabajo por delante.

Mala práctica 5: Mandar el primer borrador

Lo que no debes hacer nunca es enviar un manuscrito en cuanto pongas el punto final. Salta a la vista que ni te lo has releído, ¿qué imagen te crees que das? ¿Puedes exigir a alguien que haga bien su trabajo si tú no te has molestado en hacer tu parte?

Lo que marca la diferencia entre un escritor de verdad y un aficionado es la fase de reescritura. El escritor de verdad se preocupa por encontrar la palabra perfecta en cada momento y por no dejar cabos sueltos en la trama. Solo cuando no sabe qué más hacer para mejorar su obra, pasa el testigo.

Otra mala práctica es descuidar totalmente la ortografía. Vale que nos pagues para detectar las faltas y erratas, pero, si pretendes ser escritor, tu obligación es conocer las normas de la gramática y la ortografía. Y también debes aplicar un formato adecuado al documento. Le podría dedicar un artículo entero a esto, pero te dejo aquí una clase exprés:

  • La primera línea de cada párrafo se sangra, pero con la tecla tab (↹), no con la barra espaciadora. Recuerda que cobramos los espacios, cada vez que presionas la barra innecesariamente, estás malgastando dinero.
  • No hay que dejar espacio entre párrafo y párrafo, aunque Word lo ponga por defecto. Ve a las opciones de «Espaciado», dentro de la pestaña «Párrafo» de Word, y cámbialo, por favor.
  • Los diálogos se delimitan con rayas, ni con guiones ni con las malditas viñetas.
  • Tampoco se cambia de página a base de intro, intro, intro (más espacios que te cobramos por tu desconocimiento, y no porque seamos unos aprovechados, sino porque nos toca solucionarlo a nosotros). Existe la opción «Salto de página» en Word, dentro de la pestaña «Insertar».
cómo mandar un manuscrito con formato

Aprende a usar el Word para que tu correctora te quiera más.

No es lo mismo corregir un texto sin formato, con diez faltas ortográficas y tres errores de estilo por frase que un texto con tres erratas y cuatro verbos barro por página. Cuantos más errores, más probable es que se cuelen fallos en el libro que se ponga a la venta. El colmo será que el escritor se lo eche en cara al corrector, olvidando en qué condiciones le mandó el manuscrito. Si eres uno de esos, ten por seguro que tu corrector te odiará más que tú a él.

CÓMO REVISAR LOS CAMBIOS DE LA CORRECCIÓN

Buena práctica 6: Dominar el control de cambios

Si no quieres volverte loco a la hora de revisar la corrección, aprende a manejar el control de cambios. En su día le dediqué un artículo para facilitarte la tarea. En realidad, es muy sencillo, básicamente consiste en tocar dos botones: aceptar y rechazar. Y, como mucho, escribir comentarios al margen cuando surgen dudas.

Mala práctica 6: Sustituir el control de cambios por tachones y colores

Con lo fácil y cómodo que es manejar el control de cambios, no entiendo por qué la inmensa mayoría de los escritores se resisten a utilizarlo. En vez de preguntar para que se lo expliquemos, se complican (y nos complican) la vida usando las opciones de tachar y cambiar el color del texto para indicar los cambios que han introducido.

cómo no corregir un manuscrito

No, estos no son los mejores sustitutos del control de cambios.

¿Qué consiguen así? Darnos el doble de faena, ya que a la tarea de corregir los errores del texto se le suma la de eliminar esos cambios de formato. Si quieres ganarte nuestro odio, adelante, sigue así. Si quieres ganarte nuestro amor, pregunta, estaremos encantados de resolverte todas las dudas sobre el control de cambios.

Buena práctica 7: Dialogar

Los correctores nos equivocamos. Podemos malinterpretar una frase o pasar por alto una errata. ¿Qué le vamos a hacer? Somos humanos. Por eso tú, como autor, tienes la responsabilidad de supervisar nuestros cambios. Cuando creas que nos hemos equivocado, dilo. Nosotros estamos tan interesados como tú en que la obra quede perfecta. ¿Es necesario que especifique que debes hacerlo con respeto? Bueno, por si acaso: habla a tu corrector con educación, incluso si te ha borrado tu frase favorita. Nunca hay que perder las buenas formas.

Mala práctica 7: Introducir cambios sin consultar 

La corrección ha de ser un proceso de transparencia por ambas partes: ni el corrector tiene derecho a tocar nada sin tu autorización ni tú puedes deshacer sus cambios o añadir nuevas modificaciones sin consultárselo. De ahí que sea importante que los dos trabajéis con el control de cambios activado, para que cada movimiento en el texto se registre.

Tal vez modifiques algo porque estás convencido de que el corrector se ha equivocado. Existe esa posibilidad, ya te he dicho que somos humanos, pero antes de deshacer su trabajo, pregúntale, no vaya a ser que el equivocado seas tú y al pobre corrector le toque invertir más tiempo del previsto por culpa de tu desconfianza.

Y, por supuesto, una vez concluidas todas las correcciones, no se te ocurra reescribir: estarás tirando por tierra todo el trabajo del corrector y el dinero que le has pagado no habrá servido para nada.

Buena práctica 8: Aprender de la corrección

Cualquier escritor que haya pasado por las manos de un corrector sabe cuánto se aprende de este proceso. La corrección de estilo es una oportunidad para detectar tus vicios lingüísticos y ponerles remedio en futuros textos y la ortotipográfica te ayuda a interiorizar esas normas de la RAE que se te resisten. En general, los correctores estamos encantados de que nos preguntes para mejorar. De este modo, si volvemos a trabajar juntos, nos darás menos faena. Pero no confundas preguntar dudas con un curso intensivo de corrección; eso, si acaso, lo cobramos aparte.

cómo mandar un manuscrito a corregir

La mayor felicidad de una correctora es ver que sus clientes evolucionan.

Mala práctica 8: Llevar la contraria 

Hay escritores que lo cuestionan to-do. Y no por aprender, no, solo por salirse con la suya. Da igual que argumentemos el motivo del cambio o copiemos lo que dice la RAE al respecto, el escritor se empecina en que se quede como está porque a él le gusta así. Y, claro, el escritor, como padre de la criatura, es el que tiene la última palabra. Lo único que nos queda a los correctores es ceder y pedir amablemente que no ponga nuestro nombre en los créditos del libro, ya que no podemos avalar la calidad del resultado. En esos casos, nos preguntamos: ¿para que nos pagan si no piensan hacernos caso?

Como te decía antes, los correctores somos seres humanos. Necesitamos nuestros ratos de descanso y desconexión (para equivocarnos menos cuando volvamos a la faena, entre otras cosas). Seguro que cualquier duda puede esperar, así que, por respeto, no envíes un wasap el domingo a la hora de la siesta. Cíñete al horario laboral, como lo harías con cualquier otro trabajador.

Buena práctica 9: Agradecer la minuciosidad del corrector

No es obligatorio, pero si quieres ganarte el amor de tu corrector, no está de más que le des las gracias por el trabajo bien hecho. Que nos incluyas en los agradecimientos del libro también nos hace mucha ilusión. Esa clase de gestos nos animan, sobre todo cuando nos cruzamos con otros clientes que cumplen el decálogo completo de malas prácticas y nos hacen plantearnos si de verdad merece la pena esforzarse tanto.

Mala práctica 9: Quejarse de la minuciosidad del corrector

Por increíble que parezca, pasa. Hay clientes que se quejan porque les hacemos trabajar demasiado repasando los cambios o si les avisamos de que hay que retocar ciertas partes porque hay fallos en la trama o fechas que no cuadran. Parece que solo trabajan ellos, ¿acaso nosotros no estamos dedicando horas a su obra para detectar y solucionar todos esos detalles? Me llama la atención la cantidad de veces que me preocupo yo más por el resultado que ellos mismos. Incluso los hay que piden una revisión rapidita, por encima. Lo siento, pero no. Yo me tomo en serio mi trabajo: lo hago bien o no lo hago.

Buena práctica 10: Entender hasta dónde llegan las funciones del corrector

Las funciones del corrector son las que contrates: corregir estilo, revisar la ortotipografía o comprobar que todo está en orden en las galeradas. Incluso hay correctores (como yo) que hacen las veces de editor y te indican cuándo tu trama se tambalea o la suspensión de la incredulidad se pierde. En definitiva, los correctores se encargan de la novela sea legible y esté correctamente escrita.

Mala práctica 10: Echar la culpa al corrector de que tu libro no triunfe

Los correctores, desgraciadamente, no tenemos una varita mágica. Podemos conseguir que una historia mala se convierta en pasable y que una historia buena reluzca aún más, pero el nivel de calidad depende del autor, no de nosotros.

Una corrección no asegura que vayas a ganar un premio, como mucho, aumentarán tus posibilidades (una novela con errores evidentes no pasa ni la primera criba). Tampoco te garantiza que una editorial vaya a publicarla, aunque seguro que le presta más atención que si le mandas tu borrador inicial. Y mucho menos va a lograr que vendas miles de ejemplares, por muy bien corregida que esté. Eso depende de tu visibilidad como escritor, de la calidad de la obra en sí y de otras tantas variables que no siempre estarán a tu alcance. Lo único que puedes exigir a un corrector es que corrija bien, que te atienda con respeto y que cumpla lo acordado.

Cómo mandar un manuscrito a una correctora… o a cualquier sitio

Espero que estos dos decálogos te hayan aclarado cómo mandar un manuscrito y cómo comportarte durante el proceso de corrección. Te he hablado desde el punto de vista de una correctora, pero también puedes aplicar estas recomendaciones cuando mandes el manuscrito a premios o editoriales: preséntate, expón con claridad tus intenciones, facilita la información que te requieran y agradece el tiempo que te dediquen. Y cuando colabores con otras personas en un proyecto, habla con educación, dialoga y respeta el trabajo y descanso de los demás. Así, será mucho más agradable trabajar juntos y quedar satisfechos con el resultado.

¿Se te ocurren más ejemplos de buenas y malas prácticas durante el proceso de corrección?

 


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Comments

  1. Amén, hermana.

    En estos días de encierro por el Coronavirus estoy aprovechando para adelantar trabajo, y eso se ha convertido (en solo dos días) en un odio acérrimo hacia algunos de los correos que me llegan a la bandeja de entrada. Pero la enfermedad de las malas prácticas ya viene de lejos. Voy a difundir cuanto pueda este artículo con la esperanza de que alguno haga caso.

    ¡Nos vemos!

    • Esther Magar dice:

      Gracias, Carlos. Pues sí, este artículo está hecho con toda la intención de que cunda el ejemplo.
      Ánimo con ese encierro y esas correcciones.

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