El realismo mágico en el teatro

Si pensamos en realismo mágico, nos vienen a la mente varios títulos de novelas, pero también existe el realismo mágico en el teatro. Para hablar sobre esta vertiente de mi género favorito, he invitado a Alba Bouzas Viña, una especialista en las obras teatrales de Elena Garro. Te dejo con ella.

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Mi nombre es Alba Bouzas Viña, soy graduada en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca. Actualmente me preparo para ser profe de secundaria y poder transmitir a mis alumnos mi pasión por las letras. A lo largo de mi carrera siempre me ha apasionado la literatura hispanoamericana, pero no fue hasta que leí por primera vez a Elena Garro cuando realmente me enamoré. Desde que la descubrí, la convertí en el objeto de mis investigaciones y desde entonces la llevo siempre conmigo.

El realismo mágico fuera de canon

Todos aquellos amantes de la literatura coincidiremos en que el realismo mágico es una corriente literaria originariamente hispanoamericana que tuvo su auge durante la década de los años 60. Si tuviéramos que escoger a un autor de entre los más representativos de esta corriente, el primer nombre que se nos vendría a la cabeza sería —seguramente— Gabriel García Márquez. No es de extrañar, pues García Márquez fue uno de los autores que ha liderado esta corriente con obras tan icónicas como Cien años de soledad. Sin embargo, cabe preguntarse lo siguiente: ¿qué es lo que se ha quedado fuera del foco, o lo que es lo mismo: fuera del canon?

Definición de realismo mágico

En primer lugar, para poder hablar de realismo mágico debemos encontrar una definición adecuada, lo cual no resulta fácil. Desde su mismo nacimiento autores y pensadores han ofrecido distintas posibilidades. El primero fue Franz Roh, que en 1925 se refirió al realismo mágico como «el procedimiento de realización de adentro hacia afuera para desentrañar el misterio que se esconde y palpita en el mundo»[1]. Pese a que el concepto se ha enriquecido desde esta primera definición, esta acarrea ya el germen del realismo mágico: el intento irresistible por regularizar el extrañamiento.

A diferencia de otras corrientes como el Romanticismo o el Modernismo, donde los autores buscan desesperadamente la huida a otras realidades o escenarios exóticos, bucólicos e irreales, el realismo mágico opta por la realidad circundante. Lo novedoso es la perspectiva. El escritor debe trasladarse a la otra realidad; así es como denominaba Elena Garro a esa parte de la realidad que permanece oculta para todo aquel que no sabe mirar.

Elena Garro y el realismo mágico

Elena Garro es uno de esos nombres que no formaron parte del canon, cuyas obras permanecieron la mayor parte de su vida ocultas. Aquellos que la conozcan ya sabrán que Elena Garro ha sido una figura muy controvertida que ha dado lugar a intensos debates. Hasta hace unos años, era apenas conocida por haber sido la esposa de Octavio Paz, lo cual supuso en realidad una dificultad añadida a la hora de hacerse hueco en la élite intelectual mexicana de las primeras décadas del siglo XX.

Elena Garro fue una de las pocas mujeres que ingresaron en la UNAM en las primeras décadas del siglo XX, para estudiar Filosofía y Letras. Desde pequeña, la autora de forma autodidacta leía los clásicos grecolatinos y a los filósofos alemanes. De un espíritu y sensibilidad inigualables, Garro fue a lo largo de su vida autora, dramaturga, activista y periodista. Aun sin saberlo, cultivó el realismo mágico en toda su obra. No solo eso, sino que además consiguió hacer algo que ningún otro autor hasta ese momento había logrado: trasladarlo al teatro y revolucionar con ello el panorama teatral.

Como he comentado al principio, parece haber una opinión unánime a la hora de señalar Cien años de soledad como la obra que inicia la corriente mágico realista. Sin embargo, antes de su publicación en 1967 ya se había publicado en 1963 Los recuerdos del porvenir, una novela escrita por Elena Garro que contiene todos los elementos que la sitúan como una de las primeras obras narrativas que pueden ser consideradas mágico realistas. Esto la convierte no solo en una precursora del realismo mágico, sino también en una posible fuente de inspiración para García Márquez. Igual que Macondo, Garro narra esta historia a través de Ixtepec, un pueblo mexicano donde todo lo mágico es completamente realista. En palabras de la autora:

En Los recuerdos del porvenir, por ejemplo, Isabel termina convertida en piedra, pero eso es real, porque en Guerrero hay montón de gente que se convierte en piedra. Que fulanita andaba en malos pasos y en una de esas quedó hecha piedra, cuentan, y yo lo creo. Pero eso no es magia, es más que magia.[2]

El realismo mágico en el teatro

En efecto, el realismo mágico no es magia, es una parte de la realidad que queda por desentrañar y que ha quedado olvidada, pero que pervive en el alma hispanoamericana, así como en la cultura, en las creencias y en la vida cotidiana.

El realismo mágico no exige ser rescatado del subconsciente, simplemente sucede. Así lo plasma Garro también en sus obras teatrales, las cuales no fueron llevadas a escena hasta el 19 de julio de 1957. En aquel entonces, Octavio Paz dirigía el grupo de teatro Poesía en Voz Alta, y le encargó a Garro tres piezas, que fueron acogidas con gran éxito por el público, especialmente Un hogar sólido.

Elena Garro, precursora del realismo mágico en el teatro

El teatro de Elena Garro es significativo por varias razones: en primer lugar, porque es un teatro escrito por una mujer, en segundo lugar, porque es una crítica social mordaz, en tercer lugar, porque rompió con la tradición anterior en México y, por último, porque incorporó el realismo mágico al teatro.

La mayoría de las obras teatrales de Garro están construidas en un único acto, por lo tanto, uno de sus rasgos que la caracterizan será la brevedad. A pesar de ello, Garro consigue incorporar la profundidad en sus personajes, que alcanzan una proyección universal. Es decir, permite que el lector se reconozca en ellos.

Si hay una constante en las obras de Garro es la finalidad de sus personajes: la búsqueda de la ilusión. A través de ellos representa el continuo viaje a la semilla, a la niñez. En palabras de la propia autora:

El viaje de iniciación es una necesidad del alma que los modernos hemos olvidado […]. De este olvido, han brotado los ejércitos de seres amorfos en las grandes ciudades occidentales que son ‘cualquiera, nadie’, sin rostro, iguales en su fealdad uniforme. […] A pesar de esta banalidad cotidiana, el alma existe y el trágico hombre moderno padece el anhelo de individualizarse, de ser alguien.[3]

Es este elemento el que nos sitúa en el marco del realismo mágico: la presencia de lo irracional, de lo mágico encajado en un ambiente cotidiano y nimio, donde la presencia del elemento mágico no sorprende a los protagonistas de la acción.

Un hogar sólido

En las obras de Garro hay una esperanza que se va moldeando y acaba traduciéndose en la huida de la realidad hacia la otra realidad. En Un hogar sólido esta esperanza es la que marca el ritmo de la obra. Esta obra resultó especialmente sorprendente por su argumento: Garro utiliza la cripta familiar como escenario, donde los miembros de la familia han ido llegando a cuentagotas, cada uno en una época diferente.

Gracias a la indumentaria sabemos a qué época pertenecieron y, por consiguiente, de qué momento de la historia de México se escaparon. Aunque cada uno de ellos pertenece a una época distinta, se respeta el orden de las relaciones interfamiliares: por ejemplo, doña Gertrudis tiene 40 años y Catita solo 5, pero doña Gertrudis falleció hacia 1930, en cambio Catita es todavía una niña, pero la más mayor al mismo tiempo.

el realismo mágico en el teatro

Imagen extraída de Youtube: representación de Un hogar sólido dirigida por Isabel Cristina Flores.

Un rasgo ineludible que pone en relación directa esta obra con el realismo mágico es el tratamiento de la muerte. Un hogar sólido supone la reconciliación del ser humano con la muerte. Desde la ironía y el humor, la autora expone la deshumanización o, mejor dicho, descorporeización que van sufriendo sus personajes, como podemos leer en este fragmento extraído de la obra:

Clemente (aparece en traje negro y puños blancos). –[…] ¡Gertrudis! ¡Gertrudis! ¡Ayúdame a buscar mis metacarpos! Siempre los pierdo y sin ellos no puedo dar la mano.

En Un hogar sólido no solo se presenta la muerte como parte de la vida, sino que Garro recurre a la cosmovisión indígena y plantea la muerte como un escenario libre que no obedece la lógica occidental. En este punto nos encontramos de nuevo con el realismo mágico, que intenta escapar del concepto neoclásico de lógica.

La señora en su balcón

La técnica de presentar a los personajes ya muertos persigue un doble fin: por un lado, permite igualarlos a todos, pues todos ellos llegan a la muerte con un mismo deseo: recuperar su propio paraíso. Por otro lado, explora el ámbito que ella misma ha presentado en otras de sus obras, pero ha dejado inconcluso.

En su obra La señora en su balcón, su personaje principal, Clara, es una mujer que está sentada en el balcón de su casa, de anciana, y va viendo pasar distintas etapas de su vida: primero de niña, luego de joven y después de adulta, reviviendo aquellos momentos que la han llevado a desear la huida hacia otros mundos.

Sabemos que Clara al final de la obra obedece a su deseo y abandona esta realidad esperando encontrar algo mejor. Con Un hogar sólido, Garro parte del punto donde terminó La señora en su balcón, mostrándonos qué ocurre una vez que nos sumergimos en la otra realidad.

Para concluir, me gustaría añadir una coincidencia premonitoria acerca de esta obra. La autora llegó a afirmar que «el gran escritor mexicano será aquel que sitúe al mexicano como a un ser universal»[4].

Sin duda, Garro abraza este objetivo con esta obra al explorar y captar una actitud ontológica fundamental: la de la nostalgia del paraíso. Mediante su característico lenguaje poético, consigue retratar el afán más profundo del ser humano: el de trascender los límites de la condición humana.

El mundo propio de Elena Garro

Como entusiasta y lectora de Elena Garro creo que mi trabajo no consiste únicamente en leer, sino en reaccionar a esa lectura. En mi opinión, esta autora no pretende ocupar el sitio de otro ni cerrar ninguna puerta, al contrario: la obra de Garro abre una nueva ventana.

Si bien es verdad que Elena Garro debe incluirse dentro del realismo mágico porque cumple con sus características fundamentales, también se merece un reconocimiento especial como creadora de algo único. «¿Acaso el escritor no es aquel que desembrolla las marañas más complicadas?», preguntaba la autora. En efecto, a través de sí misma consiguió crear un mundo propio al que dio generoso acceso a todos sus lectores.

[1] Extraído de Bautista, G. (31 diciembre de 1991). El realismo mágico: historiografía y características. En Verba Hispanica I, 19-25. doi: https://doi.org/10.4312/vh.1.1.19-25. Ljubljana University Press, Faculty of Arts.
[2] Extraído de Rosas Lopátegui, P. (2002). Testimonios sobre Elena Garro. Monterrey. Ediciones Castillo.
[3] La autora de este artículo y estas palabras es la propia Elena Garro en su artículo titulado «Anuncio del martirio». Nueva Estafeta, publicado en Madrid el abril de 1980, pp. 80-81.
[4] Anderson, R. (2001). La nostalgia del paraíso perdido en Un hogar sólido. Latin American Theatre Review, vol. 34, núm. 2, 95-106.

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Muchas gracias a Alba Bouzas por descubrirme el realismo mágico en el teatro.

Para saber más de Elena Garro, te dejo con la conferencia Elena Garro y el 68 en Toulouse, con las intervenciones de Patricia Rosas Lopátegui y Alba Bouzas (a partir del minuto 41):

Y si quieres conocer las obras de teatro de realismo mágico de Elena Garro, te dejo el enlace de compra:

¿Conoces más ejemplos de realismo mágico en el teatro?

 


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