Enamorar a los lectores: ¿y eso cómo se hace?

Hay muchos tipos de escritores. Imagino que ya habrás visto la clasificación entre escritores de brújula y escritores de mapa.  O entre escritores arquitecto y escritores jardinero, de los que habló hace poco Ana González Duque, añadiendo una tercera categoría. Pero seas del tipo que seas, tu objetivo como escritor es el mismo: enamorar a los lectores. Solo así consigues que se lean tu libro entero y que estén deseando que publiques otro para devorarlo también.

Pero en la literatura, como en el amor, no hay una única manera de seducir a los lectores.

¿Qué tipo de seductor quieres ser?

Escritor/Ligue de una noche

Primero pregúntate qué tipo de seducción quieres llevar a cabo como escritor. ¿Buscas ser como esos que se ligan a alguien distinto cada noche? ¿Esos que tienen una lista interminable de conquistas, pero con los que nadie repite nunca?

Para ese tipo de seducción basta con una portada bonita y una sinopsis atractiva. O que se haya corrido la voz de lo maravilloso que eres (una buena campaña de marketing hace milagros a corto plazo). La historia puede ser un sindiós, incluso estar repleta de errores de estilo y faltas de ortografía. Pero habrás vendido un libro. O cientos. O uno y contar que has vendido cientos. Sin embargo, lo más seguro es que hayas perdido a cada uno de esos lectores para toda la vida.

Nunca te darán una segunda oportunidad, por más que jures y perjures que has cambiado y que ahora te lo tomas en serio. Es más, si lo que publicas no cumple unos mínimos de calidad, tanto en contenido como en corrección y edición, los lectores, en vez de enamorarse, despotricarán de ti cada vez que tengan oportunidad. Con lo que no solo los habrás perdido a ellos, sino a todos los que podrían haberse sumado después. En resumen: pan para hoy y hambre para mañana.

seducir a los lectores

¿Quién no se ha arrepentido alguna vez del libro que se ha llevado a la cama?

También puedes ser un escritor/ligue de una noche y cumplir las expectativas: el lector solo buscaba pasar un buen rato y se lo has dado. Pero como tú, hay muchos en la mesa de novedades. Si no le has dejado huella, por endeble que sea, seguramente no se vuelva a acordar de ti y siga picoteando de aquí y de allá, sin atarse a ningún autor.

Escritor/Amor para toda la vida

Si eres de los que buscan enamorar a los lectores para toda la vida, tendrás que trabajártelo muchísimo más: página a página (en tus novelas) y día a día (en tus canales de promoción). No siempre conseguirás que los lectores te sean fieles durante toda tu carrera literaria, pero cuando alguien mencione tu nombre ante ellos, te dedicarán palabras bonitas. Porque si lograste enamorarlos con uno solo de tus libros, guardarán un buen recuerdo de ti para siempre.

Y si los enamoras libro tras libro, ay, querido escritor: tendrás un lector fiel para los restos. Las estanterías de su casa serán altares en tu honor. Gritará a los cuatro vientos cómo le cambió la vida cuando tus libros se cruzaron en su camino. Y contagiará a todos los que le rodean su pasión por ti. Que esos otros se conviertan también en lectores fieles, solo el tiempo lo dirá, porque el corazón de cada lector es un mundo.

Enamorar a los lectores, ¿cómo se consigue eso?

¡Menuda pregunta! ¡Ojalá supiera la respuesta! Afortunadamente, en la literatura no existe una fórmula que garantice el éxito, aunque lo parezca.

Es cierto que hay escritores que escriben una y otra vez la misma historia y les va la mar de bien. ¿A que sí, Dan Brown? Si analizamos los best sellers, vemos que siguen unas pautas bastante definidas. En su día, ya las parodié. Lo siento, Dan Brown, no es nada personal. Bueno, sí.

Pero emular los engranajes de los best sellers no nos garantiza que escalemos a los primeros puestos de los libros más vendidos. Ni siquiera que una editorial se interese por publicar nuestra novela. Si fuera tan sencillo, habría millones de escritores ricos, pero hasta la literatura de masas tiene su intríngulis.

¿Sorprender o fascinar?

Es obvio que para llegar a ser un best seller hay que enamorar a los lectores, igual que para convertirse en un clásico de la literatura universal. Pero no hablamos del mismo tipo de seducción ni mucho menos. Ahí está la diferencia entre el libro que se convierte en la lectura preferida del mes y aquel que se hace un hueco en el corazón del lector para siempre. Esto se resume en que hay dos caminos para enamorar al lector: sorprendiéndolo o fascinándolo.

enamorar a los lectores

¿Quién no se ha enamorado de un libro a primera página?

Sorprender

La clave del éxito de la literatura de masas, esa que engancha desde la primera página hasta a aquellos a los que no les gusta especialmente leer, es que sorprende. Generalmente, al final de cada capítulo hay un giro inesperado que incita a seguir leyendo. Y así, los lectores no se despegan del libro hasta que llegan al desenlace. Entonces exclaman «Guauuu» al ver cómo el escritor ha cerrado todo con un un vuelta de tuerca que nunca habrían imaginado. Los ha sorprendido hasta el final, y eso merece un aplauso, claro que sí.

Peeeeeero, más allá de la sorpresa, ¿qué queda? Si lo único que ha movido al lector a pasar la página ha sido el mecanismo de sorpresa continua, una vez descubiertas todas, lo más probable es que nunca relea ese libro e incluso que pronto se olvide de él. Salvo, quizá, ese final que lo impactó. En este saco entran la mayoría de libros medianamente bien escritos: hacen disfrutar al lector, pero no les dejan poso. Aun así, si el autor los sorprende en cada libro, se habrá asegurado una buena horda de seguidores.

Fascinar

Podríamos discutir eternamente qué es buena literatura, pero, para mí, la característica principal es que fascina al lector. Lo conmueve, lo sacude por dentro, y esa es la literatura que trasciende a modas y al paso del tiempo. Libros en los que importa más el camino que el destino, y por eso mismo se pueden leer una y mil veces, ya que siempre se encuentra algo nuevo. Esas historias y personajes que conectan con los lectores en lo más profundo. Fácil de decir, pero muy difícil de hacer.

Seguro que te viene a la cabeza el título de alguna novela con la que te sentiste identificado, porque, como decía Cervantes:

En algún lugar de un libro hay una frase esperándonos para darle un sentido a la existencia.

Como nuestra media naranja.

¿Cómo fascinar a los lectores?

No depende del género literario. Se puede conectar con el lector mediante el llanto (sobre todo si después se ofrece el bálsamo de la esperanza), pero también a través del humor (el alivio cómico es necesario prácticamente en cualquier historia) o el miedo (las escenas que nos causan terror se quedan grabadas con facilidad en nuestra mente), etcétera. Cada emoción tiene sus pros y sus contras y no es sencillo provocar ninguna de ellas.

Desde mi punto de vista, el quid de la cuestión está en que el lector empatice con los personajes. Al lector le tiene que importar lo que les pase, ya sea porque los adora o porque los detesta. Si le provocan indiferencia, raro es que llegue a la última página.

Si además de empatizar, se reconoce en ellos, la comunión entre lector y escritor será absoluta. Para que un lector se identifique con un personaje no es preciso que sus vidas se parezcan. El verdadero significado de una historia no está en lo que se cuenta, sino en lo que se transmite entre líneas. Y ahí siempre aparecen los temas universales de la literatura y, por ende, de la existencia humana: el sentido de la vida, la muerte, el amor… No hay nada más impactante que conectar con un personaje que vive en una época que nada tiene que ver con la nuestra, o incluso con uno cuya moral nos parece cuestionable. Ese es el poder de la literatura.

Mi método de seducción

Yo aspiro a fascinar. ¿Demasiada ambición? Tal vez. Pero si un día me dio por escribir fue precisamente para lograr que alguien sintiera al leerme lo que siento yo al leer a mis escritores favoritos. Cuando se ha sentido esa emoción como lector, me parece imposible no querer emularla como escritor. Así que mis esfuerzos siempre irán encaminados a sacudir a mis lectores por dentro, ya sea a través de las emociones más loables del ser humano como a través de las más oscuras.

Y tú, ¿qué prefieres: sorprender o fascinar?

 

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