El siglo XIX fue la época dorada del narrador omnisciente, una especie dios que lo sabe todo de los personajes.
En la actualidad, es más frecuente el narrador en primera persona, que nos permite meternos en la cabeza de un personaje (generalmente, el protagonista) y ver el mundo a través de sus ojos.
Pero, a la hora de elegir el narrador de tu historia, no debes guiarte por modas, sino pensar bien qué aporta ese tipo de narrador y qué limitaciones tiene.
En este artículo, te cuento los pros y los contras de usar narrador en primera persona y por qué lo elegí para mi segunda novela.
Pros y contras de usar narrador en primera persona
En el narrador en primera persona, estamos atrapados en la piel del personaje tanto física como mentalmente.
- Pro: Parece la apuesta más segura para que el lector empatice con lo que le pase y con lo que sienta el personaje.
El narrador en primera persona suele acoplarse bien a aquellas historias en las que importa más lo que sucede en el interior de los personajes que lo que sucede en el exterior.
- Contra: No podemos contar los acontecimientos en los que no esté presente el personaje, a no ser que se los hayan contado. Los personajes secundarios pueden quedar desdibujados.
- Pro: Tendremos que amoldar el vocabulario a su edad, inteligencia, condición social, etc., lo que hará que el personaje resulte creíble.
- Contra: Si no conseguimos amoldarnos a su voz, conseguiremos todo lo contrario: la historia en su conjunto perderá verosimilitud. Será imposible que se produzca la suspensión de la incredulidad, que propicia que el lector deje de ver la historia como ficción y se sumerja en ella.
Alternativa: Si queremos beneficiarnos de las ventajas del narrador en primera persona sin constreñirnos a las limitaciones de su habla, es mejor optar por el narrador en tercera persona de visión limitada: narramos en tercera persona, usando la voz del narrador, pero desde el punto de vista de un único personaje. Solo tenemos acceso a sus pensamientos y a lo que ve.
Otro tipo de narrador en primera persona: narrador testigo
También hay historias narradas en primera persona por un personaje secundario que presencia lo que le ocurre al protagonista. Algunos ejemplos de este narrador son tan emblemáticos como El gran Gatsby, de Fitzgerald; El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, o los relatos de Conan Doyle sobre Sherlock Holmes.
Este tipo de narrador tiene las mismas ventajas y desventajas que el anterior: empatía con el lector, pero estamos limitados a su pensamiento, su lenguaje…
¿Por qué, entonces, narrar la historia a través de un narrador testigo y no a través de su propio protagonista? Porque, en el fondo, se trata de un falso narrador testigo. Muchas veces, quien sufre la mayor transformación en eso que llamamos el arco del personaje es ese testigo.
La trampa del narrador en primera persona
Elegir un narrador en primera persona es elegir un narrador no fiable, con todos los peligros que eso conlleva (te lo cuento con detalle en el artículo: Narrador poco fiable y narrador múltiple: cómo sacarle partido al efecto Rashomon). A veces, será obvio que no es fiable porque el personaje se mostrará abiertamente como mentiroso o manipulador, o porque tendrá problemas de memoria o problemas mentales que distorsionen su concepción de la realidad. Las razones detrás de su poca fiabilidad pueden ser infinitas.
Pero, en otras ocasiones, su falta de fiabilidad será sutil. Es el caso de Casandra, la protagonista de mi nueva novela, Lo que mamá calla: ella pretende ser sincera en todo momento, pero hay que tener en cuenta que no dispone de toda la información y que parte de lo que relata se basa en sus propios malentendidos, autoengaños y suposiciones.
¿Por qué elegí un narrador en primera persona?
Al principio, mi elección fue inconsciente: como mi novela va de una abuela contándole su vida a su nieta, me pareció natural narrarla así.
No obstante, podría haber narrado prácticamente lo mismo con un narrador en tercera persona de visión llimitada. ¿Por qué complicarme la vida así? Porque precisamente las limitaciones del narrador en primera persona (no fiable, no saber lo que sucede allá dónde no está presente, solo tener acceso a sus pensamientos y deducir los de los demás) remaban a favor de la trama (parte del misterio es que ella ignora qué sucedió en la linde del bosque) y de los temas centrales (el peligro del silencio, las decisiones tomadas por malentendidos o falta de información).
Además, en mi novela no hay una, sino dos narradoras. Por un lado, Casandra, la abuela, como ya te he comentado. Y, por otro, Core, la nieta.
No creas que los lectores van a aceptar cualquier narrador que elijas sin cuestionarse nada. Toda elección en tu novela ha de tener sustento.
Una de mis lectoras cero me reconoció que estuvo toda la novela preguntándose por qué yo me había decantado por esas dos voces en primera persona. Afortunadamente, también me dijo que, al final, entendió mi elección: ese tipo de narrador adquiría pleno sentido al acabar la historia.
Lo que mamá calla, ya a la venta

Si quieres comprobar cómo he manejado el narrador en primera persona en mi segunda novela, ya puedes leerla.




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