Los 7 errores más frecuentes en los concursos literarios

¿Alguna vez has participado en un concurso literario?

Yo sí. He pasado por todas las fases: aspirante, seleccionada, finalista, ganadora y hasta miembro del jurado en varias ocasiones. Y, créeme, ver los concursos literarios desde el otro lado quita muchos prejuicios y miedos.

Pero ¡si los concursos literarios están amañados!

Si eres de los que creen que nunca ganan porque los concursos literarios están dados de antemano, te equivocas. Mírame a mí, no tengo enchufe en ningún lado y he conseguido ganar alguna vez. Además, te puedo asegurar que, en los jurados que he participado, el proceso ha sido transparente, movido solo por criterios de calidad literaria.

Pero tampoco hay que ser ingenuos. Detrás de algunos de los premios mejor dotados sí que se mueven intereses que poco tienen que ver con la literatura (al menos, eso me han dicho varios escritores con los que he hablado). Sin embargo, quedan otros tantos que son honestos. Por desgracia, esos también son difíciles de ganar. ¿Por qué? Porque a ellos se presentan escritores profesionales. Y con «profesionales» no quiero decir «famosos». Hay centenares de escritores profesionales anónimos que están a años luz de ser multimillonarios, pero que viven de su arte precisamente porque ganan varios premios literarios al año.

Por eso es importante elegir bien los premios a los que te presentas. Si eres novel, ¿qué tal empezar por los concursos literarios locales? Incluso premios que estén en sus primeras ediciones y la participación aún no sea masiva. Los premios literarios de pueblos pequeños no suelen estar mal pagados y son muchísimo más asequibles. O a lo mejor quieres intentarlo en aquellos en los que el premio es que te publiquen, para que la gente por fin te lea. Hay concursos literarios de todo tipo, como bien explica Víctor Selles en este artículo, y según tus objetivos, has de presentarte a unos u a otros. Investiga y sorpréndete. Será por concursos literarios… ¡hay un montón cada mes!

Peeeeeero… antes de ponerte a pensar en el discurso de agradecimiento, plantéate si la historia que presentas tiene posibilidades reales de ganar. Porque yo, que he estado al otro lado haciendo la criba, he visto errores que no creerías. Y te las voy a contar para que no caigas en ellos. Ahí van.

ERRORES DE BULTO

1. No cumplir las bases

En serio, si te presentas a un concurso literario, moléstate en leer detenidamente las bases, que para algo están. Solo con cumplirlas a rajatabla, ya tienes más posibilidades de ganar de las que piensas. Es increíble la cantidad de gente que pasa de ellas. Ni extensión, ni tipo de letra, ¡ni siquiera el tema! Mandan lo que les da la gana y, ale, ¡a ver si hay suerte! Y no, por supuesto que no la hay. Si un participante no se molesta en leer las bases, el jurado no se molesta en leer su texto, así de sencillo. ¿Que su historia era estupenda? Lástima, la mandó al concurso equivocado.

2. Desconocer las reglas de la ortografía y la gramática

Parece una obviedad, pero no lo es: para ganar un concurso literario hay que saber escribir. Vamos, lo básico: juntar las letras siguiendo las reglas de la ortografía y combinar las palabras con sentido. Muchos, muchísimos, presentan relatos plagados de faltas. ¿Tildes? ¿Comas? ¿Pa’ qué? Y como el jurado no está para descifrar jeroglíficos, se eliminan sin contemplaciones.

errores más frecuentes en los concursos literarios de relato

Cuando eres jurado y llevas más de cincuenta relatos que no cumplen las bases y, además, están llenos de faltas, ya no sabes si reír o llorar.

Entre las bases incumplidas y las faltas, gran parte de los participantes quedan fuera del concurso. Los que superan esa primera criba pertenecen a una minoría. Pero es a partir de ahí cuando la cosa se complica…

ERRORES DE ESTILO

4. No cuidar el estilo

Un buen escritor es aquel que explica lo complicado con palabras sencillas. Mientras que un escritor malo, o inexperto, es aquel que intenta lucirse con una verborrea repleta de palabras grandilocuentes. Recargan las frases de tal manera que es casi imposible enterarse de qué va la historia. Siento decirte que si caes en ese error y al jurado le hace falta coger un diccionario para seguirte, no pensará que eres muy listo, sino muy pedante y aburrido.

Sin embargo, tampoco hay que irse al otro extremo: sencillo no significa simple. Si repites las mismas palabras todo el rato y recurres a verbos débiles y adjetivos inexpresivos, también cansarás al jurado. Un relato que no tiene estos errores de estilo marca la diferencia. Por eso, uno de los pasos más importantes antes de presentar tu relato a un concurso literario es dedicar mucho tiempo a la corrección de estilo, para que las palabras que queden sean las justas y necesarias. No sabes cuánto te lo agradecerá el jurado.

ERRORES DE ESTRUCTURA

5. El inicio aburre

Se insiste mucho en que la frase inicial debe ser especialmente buena. A mí no me parece indispensable para que un relato sea excelente, pero tampoco ha de resultar anodina. Y este error es especialmente sangrante en un relato corto o un microrrelato, donde cada palabra cuenta. Mira que es difícil que el lector te abandone a mitad de camino cuando tu historia apenas ocupa media página, pero hay participantes que lo consiguen. Demasiados.

Dedicar varias frases a descripciones de los personajes o a la ambientación en un relato corto generalmente es un error. Seguro que odias que el vecino te hable del tiempo en el ascensor, menos cuando te avisa de que está diluviando al verte en tirantes y con la sombrilla bajo el brazo. Pues lo mismo pasa en tu relato: ¿de verdad importa que estaba nublado o que lucía el sol? Esa clase de información, en la vida y en la literatura, solo nos interesa cuando nos sirve para algo.

Ese consejo es extensible a las novelas. Si bien hay más margen para florituras, lo recomendable es que todo lo narrado cumpla una función en la historia. Las descripciones físicas tópicas, el repaso a toda la indumentaria de los protagonistas, el parte del tiempo en cada capítulo… duermen al lector y, no lo dudes, al jurado del concurso literario.

6. Un mal desarrollo

Luego están los participantes que tienen muy interiorizado lo de la frase inicial impactante, sin embargo, no son capaces de mantener el nivel durante el resto del texto. Se nota que tenían una buena historia, pero no han sabido plasmarla. Una lástima.

Como dijo Vicente Marco en la entrevista que le hice, «a veces la mejor idea es cómo contar la historia». De nada sirve el argumento más original del mundo si no elaboras bien la trama. Mi recomendación es que no intentes ser rompedor si todavía no dominas los recursos básicos. Una historia típica bien narrada será más interesante para el jurado que una originalísima mal desarrollada. El jurado no va a valorar tus buenas intenciones, sino el resultado final.

También están los que se creen que un relato corto es resumir una historia más larga o contar una anécdota, por lo que su texto carece de tensión narrativa. O los participantes que se recrean en reflexiones sin ninguna historia como hilo conductor. En todos estos casos, el problema es que no han entendido que los relatos cortos y los microrrelatos han de tener entidad propia: no son los hermanos menores de una novela ni una cuantas frases bonitas y profundas. Deben contar una historia completa con pocas palabras, y ahí está su complicación.

7. Final fallido

Lo malo de un buen inicio y un buen desarrollo es que si el final no está a la altura, decepciona. Solo los que consiguen que las tres partes resulten atractivas pueden ganar el premio.

¿Cuáles son los errores que los escritores noveles suelen cometer en los finales de sus relatos?

  • Explicar la historia: Sí, lo hace más de uno. Eso denota inseguridad por parte del escritor, que quiere dejar claro que su relato tenía una profundidad que, quizá, el jurado no ha sabido ver. Llegados a este punto, el jurado puede reaccionar de dos formas: si había entendido la complejidad del relato, le repateará que se la expliquen, y el participante perderá muchos puntos, por no decir todos; y si no la había visto por sí mismo (y, aun así, cabe la posibilidad de que el relato le hubiera gustado), se dará cuenta de que el escritor no ha sabido transmitir las ideas que pretendía… y también le restará puntos. Conclusión: nunca expliques el final, esfuérzate en quede claro a lo largo del texto. O deja puertas abiertas para que cada lector piense lo que quiera, que es mucho más sugerente.
  • Recurrir al chiste: Ya tienes que hacerlo muy bien para que haga gracia. Los dobles sentidos están muy vistos. ¿Qué parecía que hablabas de tu novia, pero te referías a tu coche? Bah, eso ya no sorprende, es más, se ve venir desde lejos. Un relato que se reduce al chiste final se olvida fácilmente, nunca se quedará en la mente del jurado, tras decenas y decenas de historias leídas.
  • Recurrir al sentimentalismo: A veces funciona, pero, desde mi punto de vista, en un relato de corta extensión no da tiempo a crear la atmósfera necesaria para conmover con un giro final que toque la fibra. Es peligroso, cuando no contraproducente, excederse en cursilerías o dramatismos. Si optas por ese tipo de historias, todo ha de estar muy medido para no causar el efecto contrario: en vez de conmover, repeler.

Ganar es posible si evitas los errores más frecuentes en los concursos literarios

La falta de calidad es una de las cosas que más me sorprenden cuando soy jurado de concursos literarios. Hay muchísima gente que escribe, sí, pero muy poca que se preocupe de hacerlo verdaderamente bien. Por eso, si tú eres de los que se lo toman en serio, te animo a presentarte a concursos literarios.

Decía Ray Bradbury que si durante un año escribes un cuento corto cada semana (reto que está llevando a cabo David Generoso, por cierto), es imposible que escribas cincuenta y dos cuentos malos consecutivos. Por eso, yo te digo que si te presentas a cincuenta y dos concursos al año, es probable que en alguno ganes, quedes finalista o, al menos, seleccionado, lo que siempre hace ilusión. Pero si pasas sin pena ni gloria por todos ellos, párate y revisa a fondo tus escritos, no vaya a ser que estés cayendo en alguno de los errores de los que te he hablado y no te hayas dado cuenta.

Confiesa: ¿has cometido alguno de los errores más frecuentes en los concursos literarios?

 


 

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Comentarios

  1. Yo confieso.
    Si. He cometido casi todos los errores: He presentado textos sin pulir, con faltas de ortografía y puntuación, me he presentado a pocos premios, no he intentado enganchar en el primer párrafo pensando que la novela era lo suficiente interesante, ¡he usado frases rebuscadas! (culpa de una mente desordenada y de no saber puntuar adecuadamente)… Y muchos más.
    Luego ya, con la mente fría, sale la autocrítica, leer blogs como el tuyo ayuda a esto.
    Una de los pecados capitales que cometía, era pensar que tener una buena historia, con un buen desarrollo, era lo más importante. Es difícil leer tu propio texto con los ojos de un lector, porque te lo sabes de memoria, y sobreentiendes. A veces, simplemente, no fluye y eso mata una lectura. Si el que que lee no tiene el conocimiento y el cariño paternal del escritor sobre lo escrito, o la “obligación” por ser familia o amigo, la deja. La historia es mía, pero la tiene que poder entender el lector. Ahí estoy peleando.
    En cuanto al amaño de concursos, parece lógico que, si ocurre en los más grandes, se traslade a los más pequeños; en vez de un personaje conocido, un amigo/colega. Es sorprendente la cantidad de veces que el premiado es, casualmente, un twittero con miles de seguidores, un redactor-colaborador… Es cierto que quizás, la misma razón que lo lleva a lo uno, lo lleve a lo otro. Al final todo son impresiones, la mía es de sospecha moderada.
    En cualquier caso, mientras tenga ganas, lo voy a seguir intentando.
    Como siempre, gracias por compartir. Muy interesante (y perdona el rollo).
    J

    • Esther Magar dice:

      Hola, Juan:
      Vas por el buen camino: si eres consciente de tus fallos, podrás superarlos. Respecto a lo de dar premios a familiares/amigos, bueno, para eso están las plicas. En mi caso, yo no he sabido cómo se llamaba el ganador hasta que lo habíamos decidido; solo entonces abríamos el sobre para conocer su nombre. Sé que habrá de todo, pero estoy convencida de que hay más concursos honestos que amañados.

      Saludos.

  2. Yo confieso que a veces he utilizado un vocabulario un tanto barroco, especialmente después de ver que en ciertos concursos ganaban relatos llenos de florituras verbales. Como docente, suelo ser jurado de concursos en mi centro educativo, y observo que mis compañeros se decantan por las florituras, aun cuando la historia es débil.
    Durante un tiempo evité el “chiste final”, pero últimamente vuelvo a utilizarlo en los microrrelatos, pues en casi todos los que leo lo hay. Pero seguramente lo más flojo de mis relatos sea la trama; reconozco que me cuesta pintar personajes creíbles. Y lo que más me llama la atención es que me gustan más mis relatos más antiguos, los que escribía con 18 años y no me atrevía a presentar a ningún concurso, que los que escribo ahora, veintitantos años después.
    Si te aburres mucho, puedes leer algunos relatos en mi sitio web… ¡Pero solo si te aburres mucho!

    • Esther Magar dice:

      Hola, José:
      Pues a lo mejor es hora de desempolvar esos relatos antiguos y plantearte por qué te gustan más. Quizá puedan dar mucho de sí, sobre todo con todo lo que has aprendido por el camino.

      Saludos.

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