Lectores de brújula y lectores de mapa

Hace unas semanas, me preguntaba de qué dependía ser un escritor de brújula o mapa. Hice una encuesta a diversos escritores preguntándoles:

1 ¿Qué género escribes?
2. ¿Eres escritor de brújula o de mapa?
3. ¿Qué hemisferio del cerebro crees que predomina en ti: el derecho o el izquierdo?

Tuve el placer de contar con la contribución de Óscar Iborra en ese artículo,que habló sobre el mito del hemisferio derecho e izquierdo. Bueno, según él, es cierto que hay un hemisferio derecho y un hemisferio izquierdo: eso no es un mito. Pero esa imagen taxativa de dos hemisferios encargados de procesos tan diferentes (uno creativo y otro analítico) no se ajusta a la realidad. Lo que Óscar proponía en aquel artículo era que servían muy bien como metáfora de diferentes procesos creativos, o etapas del proceso creativo.

Pero la cosa no se quedó ahí. En las conversaciones que tuvimos mientras preparábamos el artículo surgieron varias ideas. Entre ellas, a Óscar se le ocurrió una que yo le animé a desarrollar: ¿existen los lectores de brújula y mapa? Y él ha tenido la generosidad de querer hablar de ello aquí, en Relatos Magar. Así que os dejo de nuevo con las reflexiones de Óscar Iborra.

La historia de la Encuesta Que Nunca Fue

¿Por qué limitarnos a hablar de hemisferio derecho e izquierdo solo cuando hablamos de escritores? ¿Y los lectores?, ¿hay también alguna relación entre predominancia de procesos creativos o lógicos y un determinado perfil de lector?

Algunos escritores se consideran más «de un hemisferio» que de otro, así que es lógico pensar que los lectores también lo harán. Si damos un paso más y aceptamos usar la metáfora de los hemisferios, ¿encontraremos alguna relación entre ser lector de hemisferio izquierdo y lector de hemisferio derecho con lo que nos gusta leer?

Una lectura habilidosa requiere una interacción de ambos hemisferios. Es cierto que el hemisferio izquierdo domina el proceso semántico, llegando incluso a inhibir o desinhibir las funciones hemisféricas derechas. Pero al leer una historia, ambos hemisferios entran en acción.

Sin embargo, depende también de qué tipo de texto estemos leyendo. No es lo mismo leer un manual técnico que un texto evocador; no es igual una novela de lenguaje claro y preciso que otra que utilice abundancia de metáforas y figuras literarias. Si la lectura, tanto en su forma como en su contenido, elicita aspectos más emocionales, imágenes, sensaciones, etc., entrarán en juego ciertas zonas del cerebro que no lo harían en otro tipo de lectura.

Hablando sobre todo esto, Esther me sugirió una idea: hacer una segunda encuesta. Una encuesta que no llegó a hacerse, y yo soy el responsable de que no se hiciera.

Pero te la voy a hacer para que comprendas el discurrir de nuestras ideas:

1 ¿Qué género lees?
2. ¿Qué hemisferio del cerebro crees que predomina en ti: el derecho o el izquierdo?
3. ¿Prefieres historias (y finales) cerrados que expliquen la historia o disfrutas con historias ambiguas (y finales que pueden significar varias cosas)?

Un ejemplo sobre la tercera pregunta: prefieres una novela policíaca (del tipo ¿Quién lo hizo?) donde todo encaja, o prefieres algo como la serie Lost donde… bueno, disfrutas del viaje más que otra cosa.

Las dos primeras preguntas son muy similares a las de la encuesta de Esther. Pero ¿y la tercera? ¿Qué sentido tiene?

Dime cómo piensas…

El artículo sobre escritores iba sobre eso, sobre escritores. Pero los diferentes procesos de pensamiento (que vamos a llamar izquierdo y derecho) no son exclusivos de escritores o artistas en general. Todo el mundo funciona con uno u otro modo de forma preferente. Incluso puede que, ante determinadas situaciones o demandas, algunas personas las resuelvan con un modo de pensamiento racional, lógico, y para otras cosas, esas mismas personas estén acostumbradas a usar un pensamiento más creativo o divergente.

Todos somos creativos, al fin y al cabo. Junto con la chispa «derecha» del proceso creativo es necesaria la reelaboración de la parte «izquierda». Ese trabajo en ciclos y bucles es lo que caracteriza al proceso creativo completo y efectivo. Porque los lectores también piensan. Y como vimos, hay varias formas de pensar: un pensamiento izquierdo (lógico) y uno derecho (creativo). En términos de Joy Paul Guilford, podríamos hablar de pensamiento convergente y divergente.

lectores mapa brújula

El pensamiento convergente utiliza la lógica. Es analítico, lineal. Va del punto A al punto B. Se centra en conseguir una respuesta, alcanzar un fin. Cuando usamos un pensamiento de este tipo para resolver problemas lo hacemos tomando decisiones, estableciendo prioridades, haciendo juicios.

Cuando Esther hablaba de escritores, esto se correspondería con la predominancia del hemisferio izquierdo. Escribir con mapa, calcular todo lo que va a ocurrir.

El pensamiento divergente utiliza la imaginación y la creatividad, la simultaneidad de ideas. Con el se exploran múltiples posibles soluciones y caminos, uniendo ideas de modo espontáneo. Se llega a una solución no de un modo lineal, sino casi dando saltos. Incluso puede que acabemos en un punto que no era al que teníamos planeado llegar. Si el convergente nos llevaba del punto A al punto B, el divergente nos puede llevar del punto A al 7, o al verde, por ejemplo.

En escritores, se correspondería con la predominancia del hemisferio derecho. Sería el escritor de brújula. Empieza con una idea, unos apuntes, y se deja ir mientras los personajes van haciendo lo que quieren, y acaban a saber dónde.

Y luego tenemos el pensamiento lateral, una combinación de los dos anteriores, en cierto modo. ¿Has oído alguna vez lo de «pensar fuera de la caja»? Pues este es. Por descarte se correspondería con el escritor paisajista; quizás no con exactitud, pero sí un poco, al menos.

…y te diré qué lees

Si has respondido a la Encuesta Que Nunca Fue, habrás elegido un género (o dos, vale), un hemisferio (o los dos, vale) y una preferencia por según qué tipo de historia.

Hemos llevado el peso de la pregunta a ti, lector.

Lectores de brújula

Si eres de hemisferio derecho, te sentirás cómodo con un proceso de pensamiento no lineal, donde las ideas se van añadiendo sin tener que pararte por el momento a pensar si son adecuadas o no. Eres sensible a toda la información que fluye a tu alrededor y no tienes problema en incluir lo que haga falta en la búsqueda de la solución de tus problemas o en la planificación de tus acciones.

¿Y cuando lees? Tal vez tengas preferencias por historias que siguen esa pauta. Narraciones que parten de un punto y de pronto cambian y te llevan a otro. Giros inesperados que incluso rayan en lo poco creíble, pero que no te importa porque disfrutas de la sensación, de la emoción, y dejas de lado el análisis racional que te dice que «eso no tiene mucho sentido». Historias con finales ambiguos, donde no sabes si de verdad la protagonista era una poderosa bruja o todo eran alucinaciones. Personajes que no terminan de perfilarse y están un poco en las sombras. Líneas argumentales que son más bien curvas.

Aguantas bien la incertidumbre y cuando cierras el libro inspiras y te recreas en esa sensación de embriaguez de haber leído algo que has disfrutado, aunque no sabes bien qué has leído. Algo así me pasó cuando vi la serie El misterio de Hanging Rock, basada en el libro Picnic at Hanging Rock, de la escritora Joan Lindsay.

Lectores de mapa

Si eres de hemisferio izquierdo, cuando estás planeando algo tienes que tenerlo todo bien atado y supervisado, y te marcas una meta a alcanzar en pasos sucesivos.

¿Y a la hora de leer? Puede que estés más cómodo con historias que no dejan flecos al final; con argumentos claros sin huecos. Nada de sorpresas ni giros imprevistos; y si los hay, tienen todo el sentido dentro de la línea argumental (una línea recta, sin muchas curvas). De hecho, encajan a la perfección porque antes ya ha habido indicios de que iba a ir por ahí, y además el libro acaba sin dejar nada por responder.

Cuando lo acabas y cierras experimentas esa satisfacción de un relato redondo, magistral, y alabas al escritor por lo bien que lo ha calculado todo.

Viajando de un hemisferio a otro: recomendaciones para lectores de brújula y mapa

Y en esa Encuesta Que Nunca Fue, al unir las tres cosas (género, hemisferio y tipo de historia) cabe preguntarse: ¿influye ese modo preferente de pensamiento a la hora de elegir género? Es decir, ¿es posible que no te leas determinadas historias porque son «demasiado de hemisferio derecho» y a ti no gusta eso, o viceversa? No hay nada de malo, desde luego. Incluso puede que, si somos conscientes de esta elección, veamos ciertos patrones. ¿Leemos cierto tipo de historias en ciertos momentos personales?

Pero aún hay más. Podemos incluso ejercitar esos otros modos de pensar, ese hemisferio que tenemos más «dormido» precisamente leyendo aquello que nos pone nerviosos, que nos incomoda o incluso que nos enfada, bien sea porque es demasiado rígido o porque es demasiado ambiguo. Como dice Isaac Belmar, «abrazar la inseguridad, al menos de vez en cuando».

¿Te gustan los finales claros, sin hilos sueltos, que vienen trazados desde el inicio? Se me ocurre entonces que leas, para que explores caminos diferentes, algo de bizarro, como La casa de arenas movedizas o Fantasma, de Laura Lee Bahr.

¿Te encanta perderte en el texto, flotar por la historia a la deriva de lo que el autor quiera disponer? Pues lee… no se me ocurre, la verdad. Tal vez algo de Agatha Christie, donde el final está escrito desde el principio. Aunque quizás haya mejores ejemplos.

Se ve que yo soy más de hemisferio derecho y me importa poco perderme por las callejuelas de la narración.

¿Y tú?

 


 

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