Escribir bien

Cómo encajar las críticas constructivas si eres escritor

26/08/2026

Por si te sirve de algo, voy a contarte mi experiencia con las críticas, además de darte algunas recomendaciones para encajarlas y de recopilar las pullas que se lanzaron en su día algunos escritores de renombre, para que compruebes que las opiniones no tienen por qué hablar realmente ni de la calidad de la obra ni de la valía de su autor.

A mí me han dicho muchas veces que escribo bien: mi madre, cuando le dedicaba poemas con ocho años; ese profesor del colegio que me preguntó si había copiado el cuento que le había entregado, porque no se creía que lo hubiera escrito yo; esa amiga a la que vi llorar después de leer uno de mis relatos; el escritor que apadrinó mi novela en el certamen en el que quedé finalista o el jurado que me declaró ganadora de un concurso de microrrelatos.

Incluso en un curso de escritura creativa que hice, mi tutor, un conocido novelista, alabó mis historias. Y, en especial, mi microrrelato Mamá dice. Le dedicó estas palabras: «La verdad es que he visto pocos microrrelatos de terror tan impactantes y completos como este».

Los halagos que he recibido a lo largo de los años me han hecho creer que tengo dotes para la escritura. Eso me ayudó a no desistir, pero siempre echaba en falta que alguien señalara mis puntos débiles. El curso de escritura creativa fue el colmo: si tan buena era y apenas podía aportarme nada, ¡que me devolviera la pasta que me costó! Que no fue poca… Algo me decía que el trabajo de los tutores se reducía a decir palabras bonitas a los alumnos, lo que me decepcionó profundamente porque no me servía para evolucionar. Me sentía estafada estancada.

LAB: el lugar de las críticas constructivas

Un tiempo después, me invitaron a asistir al LAB, un grupo de escritores que se reúne quincenalmente en Valencia para criticar en cada sesión el relato de uno de los miembros. Fui de cabeza. Estaba cansada de comentarios amables y políticamente correctos. ¡Quería sinceridad! Y eso fue lo que encontré. Acudí durante varios años, hasta que el parón de la pandemia y la avalancha de trabajo me impidieron continuar en el grupo.

Aún recuerdo la primera vez que asistí. Vapulearon el relato protagonista de la sesión casi frase por frase; eso sí, con críticas argumentadas: palabras duras pero no exentas de verdad. Semanas después, me atreví a presentar un relato. Recalcaron los fallos que yo ya sabía que tenía y me hicieron ver otros de los que no era consciente. Aunque cada vez que me enfrenté a su veredicto sentí el mismo miedo que aquel día, todas las sesiones me sirvieron para profundizar en mi escritura.

Podía estar más o menos de acuerdo con sus comentarios, pero, cuando varios coincidían en señalar las mismas fortalezas y errores, por algo era, y hubiera sido estúpido hacer oídos sordos.

No todos los que pasaban por el LAB volvían, porque no todos estaban preparados para recibir críticas negativas. Regresaban quienes asumían que siempre hay margen de mejora. Ese es el único camino para crecer como escritores.

Las críticas a mis novelas

Reconozco que, cada vez que he publicado una novela, he creído que la gente la iba a odiar. El síndrome del impostor, supongo. Pero después han llegado las opiniones, buenas o muy buenas, y me he relajado.

Por supuesto que hay gente que les saca pegas, faltaría más; sin embargo, tras la inseguridad inicial, soy capaz de darles su justo valor: ni me siento Shakespeare al recibir las buenas ni me flagelo al recibir una o dos estrellas (sin reseña) en Amazon o en Goodreads.

Hasta el momento de redactar estas líneas (julio de 2026), solo he recibido una crítica que considero realmente mala, aunque argumentada, por lo que la definiría como constructiva pese a que me doliera. Así que no me puedo quejar, la verdad.

Yo escribo para que me lean y valoro las opiniones de quienes lo hacen. Si no estuviera dispuesta a saber qué les ha parecido, ¿qué sentido tendría publicar?

Como dice Mónica Feren en El escritor consciente (libro que te recomiendo para aprender a gestionar tanto las críticas como cualquier otra de las emociones que atravesamos en el proceso de escritura):

Así como atiendes los comentarios positivos, atiende los negativos y, como te dije, analiza, descarta, incluye en aprendizaje o enfádate también si lo necesitas, pero no entres en rabieta porque el lector no entendió nada, no sabe leer, mi historia es demasiado buena y no supo comprenderla. No. Por ahí no.

Otra cosa es que existan valoraciones puestas a conciencia para dañar al autor. Me consta que existen, como las llamadas estrellas ninja, esa valoración de una estrella sin comentario dejada por un perfil anónimo.

Cómo encajar las críticas

  1. No te lo tomes como algo personal: Como ya he dicho, una opinión no dicta sentencia sobre tu valía ni la de tu obra. Toma distancia.
  2. Ignora las críticas maliciosas: Si es irrespetuosa o se disfraza de educación pero solo pretende hacer daño, no merece la pena que malgastes energías en ella. Es probable que el autor busque justo eso, no le des el gusto.
  3. Aprovecha la crítica constructiva: Si argumenta, especifica y aporta, analiza lo que dice. No la aceptes o rechaces por sistema, reflexiona sobre lo que indica y quédate con aquello que te pueda servir de verdad.
  4. No contraataques: Ya sea constructiva o maliciosa, puede que te pique igual y decidas contestar. En la mayoría de los casos es una mala idea. Recuerda que, si lo haces en público, lo verán el resto de tus lectores o potenciales lectores y, seguramente, perjudiques tu imagen, además de quitarles las ganas de reseñarte, visto cómo te pones. Y, aunque lo hagas en privado, corres el riesgo de que el incidente pase de boca en boca y también te perjudique. Vuelvo al punto 1: No te lo tomes como algo personal. Una opinión es solo una opinión.

Escritores criticados por escritores

Para encajar las críticas, tenemos que dejar a un lado el ego. Y ya se sabe que los artistas tenemos bastante de eso.

No importa lo bueno que seas o la cantidad de libros que vendas, siempre habrá quien vierta afiladas opiniones sobre ti. Y muchas veces serán tus compañeros de profesión los encargados de sabotearte. ¿Por qué? Quizá la respuesta esté en lo que dice Ernest Hemingway, en Midnight In Paris, cuando un escritor principiante le pide que lea su novela:

Si es mala, la odiaré. Odio la mala literatura. Y, si es buena, la envidiaré y la odiaré más. No pida la opinión de otro escritor.

Dicha frase aparece en el minuto 7 de este vídeo, pero la escena entera no tiene desperdicio para ver cómo los escritores reciben las críticas de otros escritores:

Para esos momentos en los que recibas críticas y dudes de tu talento, recuerda que todos los escritores, hasta los más célebres, sufrieron críticas destructivas alguna vez.

Aquí tienes varios casos de escritores criticados por escritores.

Carson McCullers

La autora de libros como El corazón es un cazador solitario (1940), Frankie y la boda (1946) y La balada del café triste (1951) fue pionera en tratar temas como el racismo o la homosexualidad. Sin embargo, Arthur Miller la catalogó de «autora menor». Flannery O’Connor dijo directamente: «Su obra no me gusta nada». Desconozco si McCullers tuvo la oportunidad de pedirles algún argumento para semejantes aseveraciones.

Tom Wolfe

Maxwell Perkins era editor de escritores tan afamados como Scott Fitzgerald. Creyendo estar ante un nuevo talento, mandó las galeradas de la primera novela de Tom Wolfe, El ángel que nos mira, a Fitzgerald, junto a una dedicatoria. La respuesta fue escueta: «Querido Max, me ha gustado la dedicatoria, pero a lo que sigue le falta brillo». ¿Cambiaría de opinión con el paso del tiempo?

J. D. Salinger

Salinger contradice la opinión general sobre el afán de protagonismo de los escritores. Él prefirió recluirse y no volver a publicar tras el impacto causado por El guardián entre centeno. Su peculiar carácter quizá le hiciera inmune a críticas como las de Joan Didion. Tachó su obra de «espuria» y de «halagar la trivialidad que anida en los lectores y su tendencia de aleccionarlos». Seguramente, Didion quedó encantada con la decisión de Salinger.

Jack Kerouac

Pionero de la Generación Beat y de la escritura automática o espontánea, no fue entendido por otros autores de su época. Truman Capote dejó muy clara su postura con esta frase: «Eso no es escribir, sino mecanografiar». En su defensa, Kerouac alegaba que invertía mucho tiempo en la revisión de sus textos para hacerlos más divulgativos. Dos formas diferentes de entender el proceso creativo.

Toni Morrison

En 1993, Toni Morrison obtuvo el Premio Nobel de Literatura, pero más de uno demostró públicamente su desacuerdo. Erica Jong opinó que «el premio no se había concedido únicamente por consideraciones artísticas». Mientras que Stanley Crouch, un crítico cultural afroamericano, dijo: «Espero que este premio la inspire para escribir mejores libros». Anteriormente, ya había catalogado su novela Beloved como «literatura basura de protesta».

Edgar Allan Poe

Al pobre Edgar no le tenían en alta estima sus contemporáneos. T. S. Eliot dijo de él que tenía «el intelecto de una persona talentosa antes de la pubertad». Mark Twain, por su parte, opinó: «Su prosa me parece ilegible, como la de Jane Austen» (dos zascas al precio de uno). Y W. H. Auden no escatimó en detalles: «Un hombre muy poco viril cuya vida amorosa parece haberse limitado a llorar en regazos y comportarse como un crío».

Mark Twain

Louise May Alcott, la autora de Mujercitas, le tenía bastante tirria a Twain. Una prueba evidente es esta declaración: «Si no puede escribir para nuestra juventud un libro mejor que Huckleberry Finn, le sugiero que no vuelva a escribir». Y no fue producto de un calentón, no. Era tanta su manía a ese libro que inició una campaña de desprestigio hasta que consiguió que se prohibiera en Massachusetts. Esta fue una de las muchas censuras que sufrió el libro por su vulgaridad y supuesto racismo. Pero es probable que Twain no se lo tomara mal, puesto que las ventas se dispararon y se convirtió en una celebridad.

James Joyce

La lectura de las obras de Joyce es complicada, y parece que su carácter iba en la misma línea. El poeta Willian Butler Yeats tuvo un desafortunado encuentro con Joyce y tuvo que morderse varias veces la lengua. Tiempo después, declaró: «En mi vida he conocido a nadie con un talento tan nimio y una vanidad tan colosal». No me extrañaría que Joyce apareciera más tarde en su casa para darle la réplica.

Charles Dickens

Las novelas por entregas de Dickens causaban gran expectación entre los lectores, que sufrían por el destino de los personajes. Oscar Wilde se mofó de ello: «Uno tendría que tener el corazón de piedra para leer la muerte de la pequeña Neil sin echarse a llorar… de la risa». Muchos afirman que Dickens fue el Stephen King de su época. Prueba de ello es esta afirmación del Saturday Review en 1858: «No creemos que su fama perdure. Nuestros descendientes se sorprenderán de que sus antepasados lo considerasen el gran novelista de su época». Es evidente que se equivocaron.

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12 Comments

  • Responder Cris Mandarica 20/04/2017 at 5:08 pm

    Tiene que ser muy duro, pero seguro que pasar por ello compensa. Así que enhorabuena por continuar, y por la publicación. Biquiños!!!

    • Responder Relatos Magar 24/04/2017 at 9:04 am

      Seguro que a ti te gustaría, una pena que no te pille de camino.
      Un beso y ¡gracias!

  • Responder Benjamín Recacha García 21/04/2017 at 12:20 am

    Muchas gracias, Esther, por recomendar mi artículo, y que la presentación en la Feria del Libro sea todo un éxito.
    ¡Un abrazo!

  • Responder Adella Brac 21/04/2017 at 10:01 am

    Esther, ¡no sabes qué al pelo me viene tu post! 😀 Últimamente estoy encontrando a autores que llevan fatal que se diga algo negativo de sus obras.
    Yo entiendo que no es agradable, pero hay que aceptar la libertad del lector para expresar sus sentimientos hacia la obra.
    Después ya es tema del autor el saber filtrar esos comentarios; algunos los descartará porque no tendrán valor (los malintencionados y vacíos), pero otros le servirán para crecer como escritor (las críticas constructivas).
    En fin, creo que debería imitarte y escribir un post sobre esto…
    ¡Un besazo!

  • Responder Lucrecia 21/04/2017 at 10:40 am

    Temo que llenes la Galería de aprendices ansiosos por encontrar esas críticas que les ayuden a crecer como escritores. Por lo demás, buen artículo y mucha suerte con el libro. Un abrazo!

    • Responder Relatos Magar 24/04/2017 at 9:09 am

      Y seguro que, si no se espantan el primer día, podrían aportar mucho al grupo.
      Espero verte por la feria.
      Un abrazo.

  • Responder Toni (Autotomía) 29/04/2017 at 8:47 pm

    Yo siempre he reclamado esa sinceridad para con mis escritos. Recuerdo que una de las primeras personas (y única en aquellos tiempos) que leía mis relatos era un buen amigo del instituto que solía limitarse a decirme si le gusta lo que había leído o no. Me sentía insatisfecho cuando me decía que le había gustado algo sin añadir nada más y me enfadaba cuando me decía que no pero tampoco aportaba nada que me diera pistas del por qué.

    Yo era consciente de que esto iba a ser un largo camino y me comparaba con los libros que leía y me gustaban mucho aspirando a escribir igual (o mejor) y también con los que no me gustaban para darme ánimos pensando que, si alguien que escribía de esa forma tan mala había publicado, algún día podría hacerlo yo.

    Sigo aprendiendo y reclamando críticas, pero no he tenido la oportunidad de encontrarme con muchas personas que se tomen esa molestia o tengan la capacidad de hacerlo bien. Cuando eso sucede, ayuda muchísimo, tanto si uno piensa que el que critica tiene razón o no, porque nos permite pararnos a reflexionar sobre nuestro trabajo desde otros puntos de vista. Pero está claro que no podemos (ni nos interesa) escribir para gustar a todo el mundo.

    También tenemos que pensar que esto es un camino solitario y sólo nosotros sabemos qué queremos conseguir cuando nos ponemos a escribir (aunque luego el lector reciba otras cosas), y a veces algunos consejos bienintencionados pueden desviarnos de nuestro propósito, que es ser honestos.

    Yo, cada vez más, pienso que la escritura es una vía de auto descubrimiento y que, aparte de leer mucho y escribir mucho, no haya nada mejor para aprender a escribir que vivir, que es el título de un libro de José Luis Sampedro, donde explica todo esto mucho mejor de lo que podría hacerlo yo ahora.

    Pero he tenido la suerte de encontrar a personas como tú y como Benjamín que se han tomado ese tiempo de leer mis cosas y han sabido darme ánimos y guiarme cuando estaba algo perdido. Pero, sobre todo, a una pareja que me ha dado muchos palos cuando mi ego se ponía por las nubes porque escribía 5000 palabras al día y pensaba que iba a ser el próximo Stephen King. Eso pasaba hace mucho tiempo. Ahora sólo me preocupa disfrutar escribiendo y disfrutar leyendo, que me parece una forma deliciosa de vivir.

    Me gustará escribir yo también, al hilo vuestro, una entrada sobre esto de las críticas. A ver si me animo.

    Llego un poco tarde, pero me alegro de ese libro del LAB. Espero que fuera muy bien la presentación. ¡Un abrazo! 🙂

    • Responder Relatos Magar 01/05/2017 at 9:20 am

      Gracias por tu reflexión, Toni. Está claro que pretender gustar a todo el mundo es absurdo, así que, al recibir las críticas, tendremos que saber con qué nos quedamos y con qué no para seguir siendo nosotros mismos, pero cada vez un poquito mejores. Ojalá pudieras venir al LAB, serías un miembro muy activo, seguro.
      La presentación del libro estuvo muy bien, se llenó, cosa que se agradece con todos los eventos que había al mismo tiempo.
      Espero tu artículo sobre este tema, si te animas.
      Un abrazo.

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