Hace un tiempo vi un vídeo de Felipe Soto Viterbo en el que hacía un cuestionario a los escritores.
¿Te animas a responderlo?
Cuestionario
Estas son las preguntas:
- Al escribir, ¿tienes la necesidad de poner a tus personajes nombres poco frecuentes en tu país, pero muy frecuentes en los países de tus autores favoritos?
- ¿Te parecería extraño que tu historia ocurriera en tu propia ciudad y la ubicas en una gran capital? O si ocurre en un pueblo, ¿te imaginas el típico estadounidense y no uno de tu zona?
- Si tienes que escribir sobre un instituto, ¿imaginas el de las películas en vez del instituto al que fuiste tú?
- Si dibujas una casa, ¿haces la clásica de tejado a dos aguas y chimenea en lugar de una que se parezca a tu verdadero hogar?
¿A cuántas has respondido que sí?
El autor del vídeo dice que, si respondiste que sí a cualquiera de ellas, tu mente está colonizada y necesitas descolonizarla. Y concluye que has de empezar a escribir de tu realidad, porque historias que ocurren en las grandes capitales del mundo ya tenemos demasiadas.
Si quieres ver el vídeo original, aquí lo tienes:
La reflexión de Felipe Soto Viterbo me parece interesante. Corrijo muchas novelas y a veces tengo la sensación de que algunos escritores tienden a ficcionar la ficción. Pero, para escribir con autenticidad, es necesario ficcionar la realidad.
¿Qué es escribir con autenticidad?
Que quede claro que estoy a favor de que cada uno escriba de lo que le dé la gana y cómo le dé la gana, faltaba más; pero existe una gran diferencia entre hacerlo conscientemente o hacerlo por pura inercia. Y hay aspectos concretos en los que se suele notar que un escritor se ha dejado llevar por lo mil veces leído en vez de expresarlo de forma más vívida, más personal y, por tanto, más auténtica.
Las descripciones
Me resulta llamativo que, al escribir una novela realista, haya escritores que se miren hasta el callejero para ser fieles a la realidad, pero todos sus personajes tengan ojos verdes, y eso que solo un 2 % de la población mundial los tiene de ese color. Me atrevería a decir que es el color de ojos menos común en el mundo y el más habitual en la literatura. Y es que la belleza nos hace olvidarnos de la verosimilitud en cuanto nos despistamos, ¿eh?
Y no solo es un problema en el plano de la verosimilitud. Las descripciones deben servir para diferenciar a los personajes, por lo que no conviene que todos tengan rasgos similares si no hay una razón de peso que lo justifique. Recuerda: si todos son guapos, ninguno destaca por eso.
Trata de no mencionar los rasgos comunes, sino los que caracterizan a cada uno. Incluidos sus defectos. Sobre todo los defectos. Los defectos son imprescindibles para que los personajes resulten creíbles e interesantes.
Para saber más sobre las descripciones, puedes pasarte por mi artículo Escribir descripciones: el truco de las 6 preguntas.
Frases hechas
Otro detalle que resta autenticidad a la escritura es abusar de las frases hechas: si uno se enamora, mariposas en el estómago; si uno está en peligro, corazón desbocado; si uno está a punto de llorar, nudo en la garganta. Quien las escribiera por primera vez dio con una imagen potente. Pero, de tanto usarlas, han perdido fuerza.
Como decía Luis Magrinyà en Estilo rico, estilo pobre: «La primera vez que se da con una buena combinación es un lujo, la siguiente un homenaje, la que viene después una deuda razonable; a partir de aquí se convierte en algo realmente infumable».
Has leído tantas veces ese tipo de expresiones que, sin darte cuenta, las replicas (tal cual o de forma muy parecida) sin pararte a pensar si tú te has sentido de ese modo en esas circunstancias. Acabas escribiendo lo que has leído, olvidándote de lo que has vivido. Y esa es una de las razones por las que muchos textos carecen de alma. Si quieres saber más al respecto, pásate por el artículo de lugares comunes.
Nombres y lugares extranjeros
Como dice Felipe Soto Viterbo en el vídeo de TikTok, es muy habitual que tengamos la mente colonizada. Consumimos tanta ficción extranjera, sobre todo de Estados Unidos, que inconscientemente asumimos que así ha de ser la literatura (o el cine). Nos suena poco literario, incluso paródico, que se cometa un crimen en Torremolinos y que el policía encargado del caso se llame Juan García. Qué nombre tan anodino, ¿verdad? Mucho más sofisticado John Smith, dónde va a parar.
Espero que hayas pillado la ironía: huyendo de lo que te suena demasiado común, caes en algo aún más común en literatura y que, encima, te es ajeno. Por tanto, cero originalidad.
Tampoco la universalidad de tu obra depende de usar nombres de otro país, sino de la autenticidad con la que expreses las vivencias de los personajes. El lector puede empatizar con una persona normal y corriente de un pueblo del que nunca ha oído hablar siempre y cuando se vea reflejado en sus sentimientos o conflictos, especialmente en sus conflictos internos.
Tanto los nombres de los personajes como de los lugares pueden tener un gran poder simbólico. No te decantes por uno que simplemente te suena bien o aparece con más frecuencia en las obras de ficción, trata de que aporte una capa de significado a tu historia.
Los clichés
Una cosa es que conozcas las convenciones de tu género para dar a los lectores lo que buscan en ese tipo de historias (por ejemplo, en la romántica, que los protagonistas acaben juntos y felices, después de muchos problemas), y otra cosa bien distinta es hilar un topicazo tras otro. Recurrir a clichés a lo largo de la novela o en su resolución (el asesino era el mayordomo) cabreará a los lectores, que sentirán que están ante un refrito de otras historias.
Puedes jugar con los tópicos, partir de lo trillado para explorar nuevos caminos, eso sí sorprenderá a los lectores. No te limites a copiar lo que ya se ha escrito infinidad de veces.
Cuidado también con caer en clichés emocionales. Como decía Robert McKee en El guion: «Si permanecemos fuera de nuestros personajes inevitablemente escribimos clichés emocionales. Para crear reacciones humanas reveladoras no debemos solo introducirnos en nuestro personaje, sino también en nosotros mismos».
El secreto para escribir con autenticidad
Independientemente de que escribas novelas de realismo, fantasía o ciencia ficción, tu objetivo es conectar con los lectores. Y eso rara vez lo consigues si te limitas a mirar hacia fuera en vez de escarbar en tu interior. Es más difícil, sí, pero el resultado marca la diferencia.
Así que ya sabes: evita ficcionar la ficción y rebusca dentro de ti. Tu forma única de entender y plasmar los acontecimientos y las emociones hará que tu escritura sea auténtica.
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